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dissabte, 25 d’abril del 2020

Jaca: 2ª parte

Pasé casi todo el embarazo y los 10 meses siguientes a dar a luz, en Jaca y como es natural hubo varias anécdotas a lo largo de ese tiempo.
Para empezar, en Noviembre de ese año murió el dictador y todos los que estaban haciendo el servicio militar estuvieron acantonados unos días. 
No me refiero a que no pudieran salir del cuartel, pero si que estaban en plan "veremos qué pasa ahora".
La gente de Jaca, sobre todo la gente que había vivido la guerra civil, estaba acojonada.

Mi ex era suministrador de la cocina de oficiales, o sea, el encargado de ir por las tiendas del pueblo comprando lo que el cocinero le pedía para el menu del día ya que, a diferencia de la comida de la tropa, que se pedia al por mayor, la comida de los oficiales era un poco más selecta.
Así cada día hacía un recorrido por la carnicería, la pescatería etc.
De lo que recogía de la carnicería siempre se le escapaba un pollo que venía a parar a casa y como su sueldo era algo muy escaso, yo me las ingeniaba para sacar de aquel pollo más de lo que muchos hubiesen sacado.
Aprendí a desmontarlos, y aprovecharlos al máximo, sobre todo cuando mi hija empezó a tomar papillas.

Anecdota: Un día fui a la pescatería a por algo de marisco para una paella. El dependiente era un muchacho de mi edad más o menos. Le pido mejillones, chirlas, una sepia, unas gambitas arroceras y un par de escamarlanes.
El chaval me mira y me dice: Un par de que??
De eso- le digo señalando lo que quería.
¡Ah! Cigalas! -contesta. Y me las sirve.
No sabía su nombre en castellano, para mi siempre habían sido escamarlans.

A mediodia mi ex viene a comer y se lo cuento entre risas.

Por la tarde mi ex trabajaba en un francfurt. Tenía permiso para ello, pues los milicos tenían prohibido vestir de paisano o trabajar mientras durase el servicio militar, pero el tenía un permiso especial firmado por un teniente coronel al que había sacado de un apuro, pues una noche que el cocinero se había ido de permiso y él tenía un compromiso ineludible, mi ex le había cocinado la cena, coctel de gambas y no se qué mas, con lo que el jefazo había quedado como un rey.

El caso es que la tarde de la paella, estando en el francfurt, se le acerca el de la pescatería, que era amigo suyo y le dice: Hoy ha venido una chalada a comprar y me ha pedido una cosa muy rara.
¿Escamarlanes? - le pregunta mi ex.
¡Si! ¿Como lo sabes?-
Porque es mi mujer- 
El chaval se puso en plan glups!! pero después acabaron riendo los dos.
Y a partir de aquel día si iba a comprar algo me servía con un asomo de carcajada recordando el tema.

Este chaval era novio de una patinadora sobre hielo que había sido muy buena en su tiempo y que se dedicaba al patinaje de forma profesional como ayudante de la profesora de patinaje del club de hielo de Jaca.
Ese año se celebraba allí, en el palacio de hielo, un campeonato de profesionales que cada año se celebraba en un país distinto y por la tarde yo iba a ver los entrenos de los que iban a competir y uno de esos días vi algo que me dejó de piedra.
Mientras entrenaban los profesionales también lo hacían los chavalines que estaban en la escuela de patinaje. Niños y niñas que podían llegar a ser los futuros campeones de patinaje, o no, pero que estaban en ello.
Una de esas tarde, como digo, uno de los mayores estaba patinando de espaldas, a punto de hacer una pirueta, mientras en dirección contraria se acercaba una niña a toda leche.
La colisión era inevitable.
El muchacho lanza la pierna, da media vuelta, ve a la niña, la levanta y sigue patinando con ella hasta poder dejarla en el suelo a salvo en cuanto pudo frenar sin  peligro.

No se si lo he sabido explicar suficientemente bien. Verlo fue de impacto.
Foto del pabellón de hielo. 
Al fondo el Oroel, la montaña que marca el inicio del invierno, o al menos del frio, en todo el valle.

Por las tardes, después de comer y antes de empezar a trabajar en el francfurt, mi ex tenía un par de horas libres y solíamos dedicarlas a jugar al ping pong. Normalmente jugábamos con el cocinero de los oficiales ya que ellos dos se habían hecho muy amigos.
Al otro le flipaba verme a mi con la barriga preñada corriendo de lado a lado para devolverles las pelotas que a veces mi ex me tiraba con efectos.

Me contaron después que si no me enseñaron a esquiar o a patinar sobre hielo era por miedo a que el embarazo se truncara, pero pude haber aprendido de los mejores, pues la escuela militar de Jaca tenía una especie de sucursal en Candanchú donde hacían el servicio los mejores esquiadores y escaladores del país. Hubo allá haciendo la mili, por ejemplo, los que ayudaron a Felix Rodriguez de la Fuente a montar sus parapetos en los lugares más inaccesibles para sus reportajes de "El hombre y la tierra".

Cada mes yo tenía que pasar visita médica con el ginecólogo y el obstetra, pero yo quería que mi hijo/a naciera en Barcelona, así que me acostumbré a bajar cada mes unos días a casa de mis padres, pero de eso mejor hablamos en la siguiente entrada.

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