Desde que dejé el trabajo en la tienda de juguetes, como he dicho peregriné por varios lugares.
En algunos era evidente que solo buscaban trabajadores sin cobrar pues te decían que una semana a prueba y si veían que funcionabas te harían contrato.
Piqué un par de veces.
Entonces encontré empleo de dependienta en una tienda de ropa de la calle Borrello, la misma en la que yo vivía, casi enfrente del mercado de San Antonio.
El primer día la dueña me dijo que bajara al almacén a ordenar un poco y así me haría a la idea de las prendas que se vendían allí.
Me pareció lógico y allá que fui.
Al día siguiente lo mismo, y el otro y el siguiente.
El viernes a mediodía me atacó una migraña bestial.
Por aquel entonces era propensa a sufrirlas. Empezaba con un problema de visión que no se si sabré explicaros.
Imaginad que en lugar de ver todo lo que abarcan vuestros ojos, solo veis nítido lo que hay dentro de un círculo y el resto lo veis borroso, como si lo vierais a través de un cristal bajo la lluvia, o algo parecido y si queréis mirar algo que no queda dentro de ese círculo os veis obligados a girar la cabeza para enfocarlo.
Al rato desaparecía este efecto y entonces aparecía el dolor de cabeza.
Tan fuerte era, que la única forma de que se me pasara era tomarme un par de pastillas, lo más fuertes posibles y tumbarme en la cama a oscuras.
Pues bien, eso me pasó ese día y no pude ir a trabajar, así que mi suegra les fue a avisar.
Al día siguiente, cuando llegué a la tienda, la doña me echó la bronca y yo me cuadré y le dije que se podía meter el empleo en el culo.
Que a mi me había contratado como dependienta y no como chica de la limpieza. Que si necesitaba a una hablara con mi suegra.
Ella iba a replicar pero yo me di la vuelta, la dejé con la palabra en la boca y salí de allí dando un portazo que casi le rompo el cristal.
Después de eso entré a trabajar en el propio mercado, en una parada de fruta.
Había allí dos tipos de paradas de fruta. Las caras y las baratas.
En las caras había fruta en perfectas condiciones.
En las baratas había fruta que podía estar un poco tocada, golpeada, o a punto de ir a la basura.
Eran partidas en las que había una mezcla de todo y la parada se montaba poniendo delante la buena y detrás la no tan buena y a la hora de despachar iba un poco de todo en la bolsa.
A veces la diferencia era tan abismal que se clasificaba y se vendía por separado.
Estuve un par de meses en el mercado y me lo pasé bien, pero se empezaba a trabajar a las 7 de la mañana y cuando empezó a refrescar se me hizo muy cuesta arriba, así que mi suegra un día me dijo que se había enterado de que una señora con 4 hijos necesitaba una chica para todo, y que si me interesaba.
Le dije que si y así empecé a trabajar para aquella mujer y sus 4 diablillos.
Pero eso merece capítulo aparte.
P.S. Durante años nadie, ningún médico, supo decirme a qué podían deberse esas migrañas y solo se limitaban a recetarme analgésicos a cual más fuerte, hasta que un buen día me visitó uno que al explicarle lo que me pasaba me dijo que le extrañaba que nadie hubiera sabido decirme lo que era pues era de libro. Que era una jaqueca oftálmica y que se debía a una sobrecarga del nervio óptico que afectaba a no se que otro lugar.
Hoy en día no se si tenía razón o no.
Sí puedo decir con las pastillas que me recetó y que tenía que tomarme en cuanto empezaba el episodio de la visión, no me daba dolor de cabeza.
También puedo decir que en algún momento, aunque no sabría decir cuando, pero hace ya muchos años, dejé de sufrir esos ataques.
Desde entonces, en alguna ocasión, se me nubla un poco la vista como entonces, pero desaparece al poco rato sin más consecuencias.
P.S. Durante años nadie, ningún médico, supo decirme a qué podían deberse esas migrañas y solo se limitaban a recetarme analgésicos a cual más fuerte, hasta que un buen día me visitó uno que al explicarle lo que me pasaba me dijo que le extrañaba que nadie hubiera sabido decirme lo que era pues era de libro. Que era una jaqueca oftálmica y que se debía a una sobrecarga del nervio óptico que afectaba a no se que otro lugar.
Hoy en día no se si tenía razón o no.
Sí puedo decir con las pastillas que me recetó y que tenía que tomarme en cuanto empezaba el episodio de la visión, no me daba dolor de cabeza.
También puedo decir que en algún momento, aunque no sabría decir cuando, pero hace ya muchos años, dejé de sufrir esos ataques.
Desde entonces, en alguna ocasión, se me nubla un poco la vista como entonces, pero desaparece al poco rato sin más consecuencias.








