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divendres, 3 d’agost del 2018

Jaca Primera parte

La habitación estaba en una pensión, cerca de la catedral, regentada por una señora que podía ser mi madre, muy amable y simpática.

Solía alquilar habitaciones a los soldados para que pasaran los fines de semana o los permisos si no se iban a casa, o tuvieran donde ir a ducharse o a echar una siesta etc.

Me comentó que lo mejor era que buscáramos un piso, que ella conocía a todo el mundo y que ya me diría algo y si, a los pocos días nos había encontrado un pisito chiquitín en una casa de 3 plantas, propiedad de 3 hermanos de la edad de mi abuela o casi, que ocupaban la planta primera, tenían gallinas en la planta baja y alquilaban el piso entre el suyo y la buhardilla donde guardaban sus cosas.

Durante los pocos días que estuve en la pensión, le pedí a la dueña que me enseñara a tricotar, pues la veia a ella y esa era una de las poquísimas labores que yo no sabía hacer.

Y una noche, de pie las dos en la cocina, me enseñó a tricotar.

Con la lana que había comprado le hice un jersey a mi futuro ex que a dia de hoy no me pondría ni borracha.

Era una lana verde que hacía aguas. Iba del blanco al verde oscuro y de vuelta al blanco a lo largo de todo el hilo.
Le hice unos rombos en la parte delantera combinando punto al derecho y punto al revés.
Al ser modista, hice un patrón con sus medidas y me basé en él para ir haciendo mangas y escotes.

La buena señora flipó bastante porque normalmente los jerseis se hacen de manera un poco intuitiva y lo aprendí después, pero aquel era el primero.
Me dijo que no era normal complicarse la vida con dibujos en el primer jersey que se hacía, ni tampoco empezar directamente por un jersey. Que lo normal era empezar por una bufanda, pero yo no necesitaba bufandas, así que ¿quien dijo miedo?

Así que al cabo de unas semanas nos trasladamos al piso de la calle de las cambras.
 Pilar, la dueña, me adoptó al momento y todo el tiempo que estuvimos allí me cuidó y se preocupó de mi y de mi hija luego, como si yo fuera su hija y la nena su nieta.

Era fan de Heidi y cada tarde me llamaba en cuanto empezaba el capítulo para que bajara a verlo con ella y tomábamos un vaso de leche (leche de verdad, de vaca ordeñada aquella mañana) con algunas galletas.

Por la mañana bajaba con ella a recoger los huevos de sus gallinas y me reservaba los mejores.

A veces me daba verduras que sus hermanos recogían en un huerto que tenían por aquellos pagos y siempre me decía que me tenía que cuidar por la criatura.

En el piso había muebles bastante hechos polvo y un día se me ocurrió darles una mano de barniz.

Cuando vio lo que estaba haciendo me dijo que subiera con ella a la buhardilla.
Una vez allí me enseñó un montón de muebles que habían ido guardando de sucesivas redecoraciones de su casa, todos en perfectas condiciones, y me dijo que escogiera los que más me gustaran, que su hermano me los bajaría, colocaría y retiraría los que hubiera.

Durante el tiempo que estuvimos allí y mientras él estaba aún de servicio, murió el dictador y hubo miedo entre la gente de Jaca. Ya llegaré a eso.





El principio del fin

Después de la temporada en casa de la familia de la entrada anterior, durante el siguiente permiso de mi ex, hubo tormenta en casa.

Mi suegra se había enterado de que yo le había puesto los cuernos a su hijo y se lo chivó y él me puso de patitas en la calle. Mejor dicho, me envió de vuelta a casa de mis padres.

Si, lo reconozco, se la pegué.
El me la pegaba cada dos por tres, antes y después de la boda y supe que durante un permiso de los que había tenido en semana santa, en lugar de venir a casa se había ido a ver a otra, así que le devolví la pelota.

El caso es que aparecí en casa de mis padres sin trabajo.
Me hicieron un hueco y yo fui a dar una vuelta por el barrio a ver qué había.
Me pasé por la tienda de bolsos a saludar y el jefe me dijo que si me interesaba podía quedarme a hacer suplencias de verano.
Al fin y al cabo yo ya sabía de que iba todo, conocía la tienda, el género, etc. 

Un día mi ex apareció en la puerta.
Me dijo que me echaba de menos, pero que lo que yo había hecho, bla, bla, bla.
Yo le dije que lo suyo tampoco era muy lógico y acabamos en la cama.
Esto se repitió varias veces.

Yo había dejado de tomar anticonceptivos así que pasó lo que tenía que pasar. Cuando supe que estaba embarazada y se lo dije, no sabía si creer que realmente era suyo y en aquel tiempo no se había descubierto el tema del ADN, así que finalmente aceptó que era suyo y me dijo que prepararía el tema para que pudiese ir a vivir a Jaca, donde estaba haciendo la mili.

Por cierto: ¿Recordais como me lo monté para lograr anticonceptivos antes de la boda? Pues casi casi tuve que hacer lo mismo después.

Lo primero que se me ocurrió a mi, recién casada, fue ir a ver al ginecólogo de mi madre y pedirle que me hiciera la receta para no tener que ir de guiri a las farmacias y el viejo me dijo que no. Que si no queríamos hijos no habernos casado. Que él no recetaba esas cosas. Así que fui al médico de cabecera de la seguridad social y por suerte aquel no tenía tantos miramientos y me las recetó.

El caso es que había dejado de tomarlas después de la bronca y ... 

Poco después me llamó y me dijo que ya había hablado con sus superiores, que había encontrado una habitación en una pensión y que cogiera los bártulos mas necesarios y me fuera p'allá.

El viaje fue casi una odisea.

Barcelona -Huesca, menos de 300 Km. en un tren de esos de acabar molido. Mas de 6 horas.
Huesca-Jaca, entre 50 y 80 Km. en un tren que parecía casi del siglo anterior, por entre montañas, con un precipicio en uno de los lados. 3 horas o mas.
Llegué casi a última hora de la tarde.
Él me esperaba en la estación. Fuimos primero a dejar las cosas y luego me llevó al cuartel a que su capitán me conociera y viera que era cierto que yo iba a vivir allí a partir de aquel día y que su pase pernocta era por un motivo real.


El capitán era... de risa.
Se parecía muchísimo a Louis de Funes, un cómico francés muy popular por aquel tiempo. Este que veis aquí.
Se hizo popular, (el actor) por interpretar a un gendarme francés un poco patoso.

El capitán Martinéz, al que llamaban capitán martinico a sus espaldas, me besó la mano con una media reverencia cuando mi ex me presentó y a mi me costó horrores aguantarme la risa.

Ya mi ex me había advertido del parecido y pedido que por favor no me riera, pero lo del besamanos me llegó al alma.

De lo que viví en Jaca, que fue mucho, os hablaré próximamente.

De cuando estuve de empleada del hogar.

Pues si, eso es lo que era en realidad. Aunque me dijo la jefa que lo primordial era el cuidado de sus hijos, en realidad yo era su criada.

Era una familia de 6 personas: el matrimonio y 4 hijos de 6, 4, 2 y 0 años. Jordi, Oriol, Ignasi y Xavier.

Ella era la hija de un pintor de una cierta fama entre los aficionados y coleccionistas. 
El era... no lo se. El que ganaba la pasta. 
No recuerdo haberle visto ni una sola vez y si en algún momento apareció por la casa ni me acuerdo.

Tenía que llegar a la casa (un piso de cerca de donde yo vivía) poco antes de las 9 de la mañana que era la hora en que la jefa salía con los dos mayores para llevarles al colegio.

Mientras ella me daba las instrucciones del día, yo me ponía el uniforme de chacha y en cuanto salía por la puerta tenía que ponerme a hacer la limpieza habitual, barrer, fregar (de rodillas y sin mocho pues a la señorona no le gustaba que se fregara con mocho) y quitar el polvo.
Para la limpieza mas a fondo o mas pesada, le venía una mujer cada martes.

Si en algún momento uno de los dos peques que se quedaban en casa me necesitaba ellos eran la prioridad.

El primer o el segundo día me encontré unos billetes en el suelo de su habitación, casi debajo de la cama. Los recogí, lo dejé encima del mueble del comedor, debajo de un cenicero o algo así y continué con mi labor.

Cuando llegó a mediodía le dije que los había encontrado y donde los había dejado. Me dio las gracias, puso una excusa tipo: Se le deben haber caído a mi marido, que no engañó a nadie y aquí paz y allá gloria.

Los peques eran un amor.

El segundo era muy celoso. Tenía celos del mayor y de los pequeños, cosa bastante habitual en los hermanos medianos, sin embargo el mayor no aparentaba estar celoso de ninguno y se notaba que quería mucho a los otros.

En el tiempo que estuve allí fue el cumpleaños de casi todos, pero el más anecdótico fue el del mayor. 

Los peques coleccionaban cochecitos de esos que son reproducciones a escala de los de verdad y aunque tenían muchos cada uno de ellos, sabían perfectamente cual era de quien.
Yo también lo aprendí a fin de evitar jaleos.

Así que el día del cumple del mayor les llevé un cochecito a cada uno.

Al mayor le llevé uno que ya tenía pero que Oriol no tenía y a él uno que no tenía ninguno de los dos.

Cuando abrieron los regalos, Oriol se quedó mirando el coche de su hermano y le dijo que era mas bonito que el que le había dado a él y Jordi le dijo si quería cambiárselo, a lo que Oriol se avino de buen grado.
Así los dos obtuvieron un coche que no tenían y quedaron satisfechos.

La madre, que se percató de lo que había pasado, me dijo: "Desde luego es Vd. buena psicóloga infantil". (Siempre me llamaba de Vd.)

Ella, como he dicho, salía por la mañana y a veces volvía al cabo de un par de horas con la compra y a veces ya no regresaba hasta que los nenes venían a comer. En el primer caso ella les hacía la comida, en el segundo se la hacía yo.

Como es lógico los peques decían que mi comida estaba muy buena (los peques siempre prefieren lo ajeno a lo propio) y muchas veces, aunque la comida la hubiese hecho su madre, cuando se sentaban les decía: Mirad que os ha hecho hoy la Eulalia para comer.

Por las tarde ella se iba a llevar a los nenes al cole y ya no volvía hasta que lo hacía con ellos, con lo que yo les daba la merienda a los dos peques cuando se despertaban de la siesta.

Ignacio se acostumbró a llamarme cuando se despertaba con esta frase: "Lali, Nani ta epert" (Lali, l'Ignasi está despert) y yo iba, le cambiaba el pañal, y lo sentaba a merendar.

Un día que la madre estaba en casa porqué eran vacaciones o algo así, el peque se despertó así y noté que a ella esto de que me llamara a mi no le había hecho mucha gracia, pero no dijo nada, fue a buscar a su hijo y aquí no ha pasado nada.

Yo sabía cocinar, pero me tuve que acostumbrar a su manera de hacer la comida, claro está. Aunque alguna vez le hice alguna cosita especial que a ella no se le hubiese ocurrido.

Estando allí con ellos sucedió la anécdota del conjunto que he explicado en esta entrada.

Mi hora oficial de salida eran las 7 y media, cuando los niños empezaban a cenar, pero muchas veces me dieron las nueve y no por que ella abusara de mi.
No había día que a los peques no se les desmontara algún cochecito o se les estropeara alguna cosa y como vieron que yo sabía arreglarlo, venían a pedirme que lo hiciera.
Normalmente yo estaba haciendo la cena, así que si era algo que requiriera de mas de un minuto les decía que esperaran y que mientras ellos cenaban yo se lo arreglaría.
La madre siempre les decía que no me molestaran, pero a mi me encantan los críos y no me sabía mal quedarme a arreglarles lo que fuera.

Estuve casi un año con ellos. Dejé el trabajo al empezar las vacaciones de verano pues ellos se iban a veranear a algún pueblo de las islas y a mi no me interesaba irme de Barcelona pues mi futuro ex estaba haciendo la mili y si me iba no le vería hasta que volviéramos y no me apetecía, así que dejé el trabajo y me preparé para volver a buscar otra cosa en algún lugar.