La habitación estaba en una pensión, cerca de la catedral, regentada por una señora que podía ser mi madre, muy amable y simpática.
Solía alquilar habitaciones a los soldados para que pasaran los fines de semana o los permisos si no se iban a casa, o tuvieran donde ir a ducharse o a echar una siesta etc.
Me comentó que lo mejor era que buscáramos un piso, que ella conocía a todo el mundo y que ya me diría algo y si, a los pocos días nos había encontrado un pisito chiquitín en una casa de 3 plantas, propiedad de 3 hermanos de la edad de mi abuela o casi, que ocupaban la planta primera, tenían gallinas en la planta baja y alquilaban el piso entre el suyo y la buhardilla donde guardaban sus cosas.
Durante los pocos días que estuve en la pensión, le pedí a la dueña que me enseñara a tricotar, pues la veia a ella y esa era una de las poquísimas labores que yo no sabía hacer.
Y una noche, de pie las dos en la cocina, me enseñó a tricotar.
Con la lana que había comprado le hice un jersey a mi futuro ex que a dia de hoy no me pondría ni borracha.
Era una lana verde que hacía aguas. Iba del blanco al verde oscuro y de vuelta al blanco a lo largo de todo el hilo.
Le hice unos rombos en la parte delantera combinando punto al derecho y punto al revés.
Al ser modista, hice un patrón con sus medidas y me basé en él para ir haciendo mangas y escotes.
La buena señora flipó bastante porque normalmente los jerseis se hacen de manera un poco intuitiva y lo aprendí después, pero aquel era el primero.
Me dijo que no era normal complicarse la vida con dibujos en el primer jersey que se hacía, ni tampoco empezar directamente por un jersey. Que lo normal era empezar por una bufanda, pero yo no necesitaba bufandas, así que ¿quien dijo miedo?
Así que al cabo de unas semanas nos trasladamos al piso de la calle de las cambras.
Pilar, la dueña, me adoptó al momento y todo el tiempo que estuvimos allí me cuidó y se preocupó de mi y de mi hija luego, como si yo fuera su hija y la nena su nieta.
Era fan de Heidi y cada tarde me llamaba en cuanto empezaba el capítulo para que bajara a verlo con ella y tomábamos un vaso de leche (leche de verdad, de vaca ordeñada aquella mañana) con algunas galletas.
Por la mañana bajaba con ella a recoger los huevos de sus gallinas y me reservaba los mejores.
A veces me daba verduras que sus hermanos recogían en un huerto que tenían por aquellos pagos y siempre me decía que me tenía que cuidar por la criatura.
En el piso había muebles bastante hechos polvo y un día se me ocurrió darles una mano de barniz.
Cuando vio lo que estaba haciendo me dijo que subiera con ella a la buhardilla.
Una vez allí me enseñó un montón de muebles que habían ido guardando de sucesivas redecoraciones de su casa, todos en perfectas condiciones, y me dijo que escogiera los que más me gustaran, que su hermano me los bajaría, colocaría y retiraría los que hubiera.
Durante el tiempo que estuvimos allí y mientras él estaba aún de servicio, murió el dictador y hubo miedo entre la gente de Jaca. Ya llegaré a eso.
