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dimecres, 25 de juliol del 2018

Bragas y juguetes


Cuando volvimos del viaje nos pusimos a buscar trabajo y después de muchos fracasos vi que en Fajas Jumar, una tienda muy conocida de Barcelona, pedían una dependienta.
Se trataba de una sucursal que había en Travesera de Gracia, casi esquina a Torrent de l'Olla, justo enfrente del mercado, no en la tienda de Calvet.
Allá que fui y me entrevistó un hombre algo mayor que yo, que en aquel momento tenía 21 años.
Me hizo unas cuantas preguntas acerca de mis conocimientos del oficio y al decirle que había trabajado en unos almacenes y en Pio Rubert Laporta, la tienda de bolsos, no dudó en aceptarme.
Pasados unos días me pidió la documentación para hacer el contrato y entonces, al ver que estaba casada quiso saber porqué no se lo había dicho y le dije que él no lo había preguntado y yo estaba harta de ser rechazada por ese motivo.
Le hizo gracia el ingenio pero me preguntó si tenía pensado quedarme embarazada pronto o qué y le dije que podía estar tranquilo, que hasta que mi marido no regresara de la mili no teníamos intención de ir a por la criatura y que a él aún no le habían llamado, así que me aceptó definitivamente.

La tienda tenía dos secciones; a la derecha, conforme se entraba, estaba la sección de corsetería.
Bragas, fajas, sujetadores y camisones para todo tipo de personas y de posibles.

A la izquierda la sección de juguetería.

Por lo que supe a los pocos días, quien me había entrevistado era el marido de la dueña de Fajas Jumar, que le había montado aquel capricho a su marido a condición de que se vendieran sus artículos.

Como estaba cerca la campaña navideña, pasé muchos días jugando con los juguetes que había a la venta, a fin de acostumbrarme a su uso, porqué en aquel entonces los juguetes se probaban antes de salir de la tienda para evitar decepciones a los niños asegurándonos que funcionaban perfectamente, ya que a mi me habían contratado para ese fin.

Pese a eso, si entraban clientes en la sección de corsetería y la encargada estaba atendiendo a otra persona, yo tenía que atender también y en aquel tiempo no dejabas a la clientela apañarse sola, sinó que en cuanto se habían colocado lo que fuera en el probador, entrabas a ayudar a abrochar sujetadores o lo que hiciera falta.

Para mi fue toda una experiencia que me sirvió para ver los posibles defectos de las personas desde la perspectiva de la modista.
Cinturas desequilibradas, pechos que miraban a todas partes y otros detalles que no se aprecian a simple vista y supe que yo sufría de una leve desviación de la columna pues también tengo la cintura desequilibrada, mas marcada de un lado que de otro, (cuando no parecía un tonel), por que una mujer que la tenía así me dijo a qué era debido.

En aquella tienda empecé a fumar mas o menos en serio y me enganché a la Coca cola.

La encargada se pasaba el día fumando y se bebía las cocacolas por litros y yo acabé haciendo lo mismo.

Pero no me envicié demasiado con el tabaco pues no me tragaba el humo.

El dia 5 de enero, después de unas navidades muy movidas en ambos sectores de la tienda, fue el cacao del siglo. ¡La cantidad de gente que vino a comprar juguetes! 
Algunos los tenían reservados y solo era recogerlos y acabar de pagarlos; personas que no sabían donde esconderlos hasta llegar el dia y no querían arriesgarse a que los niños los encontraran antes de tiempo.

También allí nos pagaron la comida y la cena, en un restaurante bastante bueno de Torrent de l'Olla que ya no existe, como tampoco la tienda, que ahora está cerrada aunque me parece que es el almacén del supermercado que hay justo al lado.

Dos meses después de reyes, el dia de mi cumpleaños, mi suegra me regaló cinco mil pesetas para que me comprara lo que quisiera y yo, sin pensármelo dos veces, me compré un conjunto de sujetador y braguita, muy sexy, de Dior,
Cuando lo vio casi le da un pasmo.
Acostumbrada a sujetadores de cuatro duros y a bragas de dos, que me hubiese gastado aquella fortuna en algo así, era algo que escapaba a su comprensión.

Pero yo me sentía muy especial cuando lo llevaba puesto aunque no se viera.

Poco después llegó la carta de llamada a servicio militar de mi futuro ex y me convenció para que cambiara de empleo y buscara algo más cerca de casa pues él no iba a poder venir a buscarme si salía tarde o pasaba algo, aunque lo que no quería era que el jefe tuviera la más mínima oportunidad de ligarme.
Le hice caso, pues tampoco era cosa de que se fuera mosqueado y a mi me daba igual trabajar ahí que en otro sitio.

Y empezó un peregrinaje por varios empleos que me duraron poco por un motivo u otro.
Pero esto lo dejo para la próxima.


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