Llegamos a Granada pasadas las seis de la tarde y la Alhambra ya había cerrado sus puertas, así que buscamos donde alojarnos y él se fue a aparcar el coche mientras yo acomodaba lo imprescindible.
Cuando regresó fuimos a cenar y después a dormir para ir al dia siguiente a visitar el famosísimo conjunto arquitectónico.
Al levantarnos, después de desayunar un poco, me dijo que recogiera las cosas que él iba a por el coche, que lo tenía a la vuelta de la esquina.
Al cabo de una hora o mas, se presenta en el hotel, a pie, coge una de las maletas, yo la otra y el neceser y nos fuimos al sitio donde había aparcado.
Allí, junto al coche, vi a un par de personas metidas en el motor. (No dentro, claro está).
Y me contaron la película.
La noche anterior, como no encontraba donde dejar el coche legalmente lo dejó delante de un parking del Parque móvil de la ciudad, con un mensaje de donde iba a estar.
Al ir a cogerlo el coche no quiso arrancar, así que abrió el capó del motor y se quedó mirando a ver si se arreglaba por algún milagro, pues él de mecánica menos que yo que no tenía ni zorra idea.
Un hombre se le acercó y le dijo: ¿Necesitas ayuda? a lo que mi ex repuso: Me ira muy bien porqué no entiendo de motores y no arranca.
El hombre llamó a otro y le echaron un vistazo.
Resultó que había ido perdiendo líquido de frenos y gasolina pues tenía picadas las mangueras.
Le dijeron que era un auténtico milagro que no nos hubiera pasado nada, pues no hubiese podido frenar al cabo de poco y además del goteo de la gasolina podía resultar una explosión si cualquier canto de alguna carretera hubiese provocado un chispazo en el momento menos oportuno.
Le ayudaron a arreglarlo, le cambiaron lo que había que cambiar y charla que te charla resultó que... (el mundo es un pañuelo)... era hermano de la que había sido la ayudante de la comadrona que me trajo al mundo. La mujer que trabajaba en una parada de marisco del mercado de San Antonio.
También le dijeron que si en lugar de responder sinceramente que no tenía ni idea, se hubiese hecho el machito con un gracias, yo me apaño, hubiesen llamado a la grua para que se llevara el coche, pues ellos eran los chóferes de los coches del parque móvil.
A todo eso era ya hora de comer y nos dijeron que no valía la pena esperar para ver la Alhambra, pues la mitad estaba en obras de acondicionamiento. Que lo dejáramos para otra ocasión, cuando se anunciara a bombo y platillo que la habían arreglado.
Así que después de comer algo continuamos viaje a Murcia a casa de sus abuelos.

No tengo más fotos de ese día que ésta, tomada en Motril, donde paramos a pasar la noche y la pongo más que nada, para que os hagáis una idea del largo de las faldas que llevaba por aquel entonces.
La chaqueta y su jersey los compramos en alguno de los lugares en los que paramos después de Zaragoza, pues no queríamos pasar otra noche tiritando.
No se quien nos hizo la foto ni qué me llamó la atención para mirar hacia la derecha en el momento en que ese alguien disparaba.
Como dirían en la tele: Cosas del directo.
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