Pues si, eso es lo que era en realidad. Aunque me dijo la jefa que lo primordial era el cuidado de sus hijos, en realidad yo era su criada.
Era una familia de 6 personas: el matrimonio y 4 hijos de 6, 4, 2 y 0 años. Jordi, Oriol, Ignasi y Xavier.
Ella era la hija de un pintor de una cierta fama entre los aficionados y coleccionistas.
El era... no lo se. El que ganaba la pasta.
No recuerdo haberle visto ni una sola vez y si en algún momento apareció por la casa ni me acuerdo.
Tenía que llegar a la casa (un piso de cerca de donde yo vivía) poco antes de las 9 de la mañana que era la hora en que la jefa salía con los dos mayores para llevarles al colegio.
Mientras ella me daba las instrucciones del día, yo me ponía el uniforme de chacha y en cuanto salía por la puerta tenía que ponerme a hacer la limpieza habitual, barrer, fregar (de rodillas y sin mocho pues a la señorona no le gustaba que se fregara con mocho) y quitar el polvo.
Para la limpieza mas a fondo o mas pesada, le venía una mujer cada martes.
Si en algún momento uno de los dos peques que se quedaban en casa me necesitaba ellos eran la prioridad.
El primer o el segundo día me encontré unos billetes en el suelo de su habitación, casi debajo de la cama. Los recogí, lo dejé encima del mueble del comedor, debajo de un cenicero o algo así y continué con mi labor.
Cuando llegó a mediodía le dije que los había encontrado y donde los había dejado. Me dio las gracias, puso una excusa tipo: Se le deben haber caído a mi marido, que no engañó a nadie y aquí paz y allá gloria.
Los peques eran un amor.
El segundo era muy celoso. Tenía celos del mayor y de los pequeños, cosa bastante habitual en los hermanos medianos, sin embargo el mayor no aparentaba estar celoso de ninguno y se notaba que quería mucho a los otros.
En el tiempo que estuve allí fue el cumpleaños de casi todos, pero el más anecdótico fue el del mayor.
Los peques coleccionaban cochecitos de esos que son reproducciones a escala de los de verdad y aunque tenían muchos cada uno de ellos, sabían perfectamente cual era de quien.
Yo también lo aprendí a fin de evitar jaleos.
Así que el día del cumple del mayor les llevé un cochecito a cada uno.
Al mayor le llevé uno que ya tenía pero que Oriol no tenía y a él uno que no tenía ninguno de los dos.
Cuando abrieron los regalos, Oriol se quedó mirando el coche de su hermano y le dijo que era mas bonito que el que le había dado a él y Jordi le dijo si quería cambiárselo, a lo que Oriol se avino de buen grado.
Así los dos obtuvieron un coche que no tenían y quedaron satisfechos.
La madre, que se percató de lo que había pasado, me dijo: "Desde luego es Vd. buena psicóloga infantil". (Siempre me llamaba de Vd.)
Ella, como he dicho, salía por la mañana y a veces volvía al cabo de un par de horas con la compra y a veces ya no regresaba hasta que los nenes venían a comer. En el primer caso ella les hacía la comida, en el segundo se la hacía yo.
Como es lógico los peques decían que mi comida estaba muy buena (los peques siempre prefieren lo ajeno a lo propio) y muchas veces, aunque la comida la hubiese hecho su madre, cuando se sentaban les decía: Mirad que os ha hecho hoy la Eulalia para comer.
Por las tarde ella se iba a llevar a los nenes al cole y ya no volvía hasta que lo hacía con ellos, con lo que yo les daba la merienda a los dos peques cuando se despertaban de la siesta.
Ignacio se acostumbró a llamarme cuando se despertaba con esta frase: "Lali, Nani ta epert" (Lali, l'Ignasi está despert) y yo iba, le cambiaba el pañal, y lo sentaba a merendar.
Un día que la madre estaba en casa porqué eran vacaciones o algo así, el peque se despertó así y noté que a ella esto de que me llamara a mi no le había hecho mucha gracia, pero no dijo nada, fue a buscar a su hijo y aquí no ha pasado nada.
Yo sabía cocinar, pero me tuve que acostumbrar a su manera de hacer la comida, claro está. Aunque alguna vez le hice alguna cosita especial que a ella no se le hubiese ocurrido.
Estando allí con ellos sucedió la anécdota del conjunto que he explicado en esta entrada.
Mi hora oficial de salida eran las 7 y media, cuando los niños empezaban a cenar, pero muchas veces me dieron las nueve y no por que ella abusara de mi.
No había día que a los peques no se les desmontara algún cochecito o se les estropeara alguna cosa y como vieron que yo sabía arreglarlo, venían a pedirme que lo hiciera.
Normalmente yo estaba haciendo la cena, así que si era algo que requiriera de mas de un minuto les decía que esperaran y que mientras ellos cenaban yo se lo arreglaría.
La madre siempre les decía que no me molestaran, pero a mi me encantan los críos y no me sabía mal quedarme a arreglarles lo que fuera.
Estuve casi un año con ellos. Dejé el trabajo al empezar las vacaciones de verano pues ellos se iban a veranear a algún pueblo de las islas y a mi no me interesaba irme de Barcelona pues mi futuro ex estaba haciendo la mili y si me iba no le vería hasta que volviéramos y no me apetecía, así que dejé el trabajo y me preparé para volver a buscar otra cosa en algún lugar.
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