Como decía, a las dos de la madrugada del día 26 de mayo, mientras jugaba al monopoly con mi hermano rompí aguas y salimos los 3, mi madre, mi hermano y yo, corriendo hacia la residencia de Vall d'Hebron, en la otra punta de la ciudad en todos los sentidos.
En aquellos tiempo aún no se habían inventado los teléfonos móviles ni las redes de taxis, con lo que encontrar uno a las dos i pico de la madrugada en el barrio de mi madre era algo poco menos que imposible.
Por suerte vivíamos cerca de la ronda de Sant Antoni i allá al poco rato de esperar vimos uno libre que nos llevó a la clínica.
A partir de aquí la historia tiene dos partes, por un lado yo ingresada, por el otro ellos dos en una sala de espera sentados, sin tener ni idea de qué estaba pasando.
Por lo que me contó luego mi hermano, hasta media mañana no pudieron hablar con una doctora que les dijo que no se preocuparan, que (palabras textuales) " de hoy no pasa".
Y no, realmente no pasó de ese hoy, lo malo para ellos fue que ese hoy se alargó hasta casi el final del día, pues hasta casi medianoche no les dijeron que podían subir a verme, que ya había tenido a una nena.
Mi hermano siempre me dice: "Desde luego la doctora no se equivocó, no".
Por lo que me cuenta el pasó parte de ese día tumbado en un par de sillas durmiendo mientras esperaban que les avisaran. Mi madre lo hizo sentada.
A alguno de ellos se le ocurrió llamar al padre de la criatura y a las 4 de la tarde le dejaron entrar a verme. Recordad que estaba en jaca, así que, si pienso en la hora en qué debieron avisarle, debió venir, como vulgarmente se dice, cagando leches.
Por lo que a mi respecta entré en la clínica, me subieron a una habitación donde había otras mujeres igual que yo que no dejaban de quejarse y de gritar.
Una doctora me miró, me dijo que había para rato y se fue.
Una enfermera entró, me afeitó por ahí abajo, con una destreza que demostraba la de veces que lo había hecho, pues ni un rasguño y me dejaron dormir tranquilamente.
Yo estaba super bien. No me dolia nada ni parecía que fuera a pasar nada, pero a eso de las 11 de la mañana me visitó otra doctora, dijo que no dilataba y me dió una pastilla para que me la pusiera debajo de la lengua.
Y ahí empezó el calvario.
Las que hayais tenido hijos sabeis a qué me refiero.
Eso duró hasta las 10 de la noche en que me bajaron al paritorio.
Allá me pusieron en el potro de torturas y hale! a apretar y a soltar una y otra vez.
En un momento dado un médico me dijo que un grupo de estudiantes de medicina querían entrar a ver el parto como parte de su educación médica y necesitaban mi permiso.
A mi, en aquellos momentos, me daba igual que entrara la filármonica o quien fuera. Yo solo quería que la criatura saliera de una vez.
Al final me pegaron un corte, la nena salió y alguien me la dio para que la viera.
Ya os podeis imaginar como estaba, sucia, arrugadita, aún colgando del cordón.... la miré y dije: ¡que guapa eres! a lo que la enfermera o lo que fuera aquella mujer dijo: Que tontas sois las madres. Decir que es eso es guapo, tal como están!
El médico preguntó la hora y yo respondí: las diez y media.
Él se giró y me dijo: ¿Como es que llevas el reloj?
Porqué nadie me ha dicho que me lo quitara. - le respondí-
Una de las doctoras o enfermeras me dió 4 puntos y me dijo que ya podía pasar a la camilla.
Lo hice y lo siguiente que recuerdo es a los chavales que habían entrado a ver el parto dándome bofetones para hacerme volver pues por lo visto me había desmayado a causa de la pérdida de sangre.
Me pusieron un gotero, pusieron a la nena a mis pies y dejaron la camilla en una sala de espera en la que una enfermera iba pasando por mi lado dando palmadas mientras decía: No te duermas, no cierres los ojos, si lo haces quizá no vuelvas a abrirlos y la nena te necesita.
Y cosas así.
Yo solo quería dormir. Me sentía agotada. Le pregunté: ¿Porqué no dejais que suba alguien a hacerme compañía y me distraiga? Abajo debe estar mi hermano y mi marido...
Pero ella me dijo: No. Hasta que no pase todo no se les avisa. Acabe como acabe.
En un cierto momento se que me dormí, pero me desperté al poco totalmente despejada. La enfermera me vio y dijo: Ya tienes mejor color. No tardarás en subir a planta.
Y si, al rato estaba en una de las plantas de neonatos con toda la familia alrededor. Mi hermano por primera vez me dijo eso de que la doctora no se había equivocado, pues aún no era medianoche.
Y 3 dias después de eso salía de allí con mi hija y un flotador para sentarme sin que los puntos me dejaran viendo las estrellas.
Este es el edificio de ginecología del Hospital de la Vall d'Hebron. En una de esas ventanas estuve esos 3 días.
Lo interesante de este hospital es la forma en que están distribuidas las habitaciones.
En cada una hay 4 camas. una en cada esquina, de manera que vistas desde la puerta que está al otro lado de la ventana, tienes 2 camas a la derecha y dos a la izquierda. Si no ha cambiado desde entonces, junto a cada cama hay, en la pared, una cuna que va de la habitación de la madre a la habitación de al lado.
En esa habitación de al lado, a la que dan 4 cunas, 2 de cada una de las habitaciones colindantes, hay una zona para las enfermeras y las madres, para lavar y cuidar a los bebés.
La ventaja de ese sistema es que puedes dejar al bebé tranquilito en esa zona mientras la familia entra a visitarte, o mientras charlas con las otras madres si el bebé está dormidito, pero sigues teniéndole a tu lado, no como en otros sitios que los llevan a otro sitio lejos de ti.
Debo decir que la comida en ese hospital era buenísima. Nos daban un vasito de vino tinto por que decían que eso favorecía la subida de la leche.
A mi nena le costó agarrarse al pezón pero en cuanto le pilló el truco no se soltaba.
Como yo ya había cambiado muchos pañales no tuve ningún problema en hacerlo, vestirla y lo que hiciera falta en esos 3 días, aunque, por lo que me dijeron, pecaba de lo mismo que todas, cambiarla en cuanto me olia que se había hecho un pipí.
Claro que los pañales de entonces no eran como los dodot de ahora y yo no quería que mi nena se irritara si podía evitarlo.
Y como he dicho, 3 dias más tarde salí de allí para ir a pasar unos días a caballo entre la casa de mis padres, donde pasaba el día entero y la casa de unos amigos, donde la nena y yo dormíamos, pues la casa de mis padres era demasiado pequeña para todo lo que teníamos de la peque y ellos disponían de una habitación vacía donde estábamos nosotras dos.
Cada día la metía en el cochecito y autobus arriba, autobús abajo, me movía por la ciudad aprovechando esos días para comprar cosas que iba a necesitar, pasear con mi pequeña, visitar amistades y familiares, etc.
Mientras estuve allá con ellos me pasaron dos cosas que os contaré mañana, porqué hoy ya tengo los hombros que no se si hay una viga en ellos.


