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dissabte, 26 de maig del 2018

Mis ancestros 1ª parte. Mi abuela materna.

Ya que en la entrada anterior he mencionado a mi abuelo, creo que es el momento oportuno de hablaros de la familia que me tocó en suerte.

Dicen que en todas partes cuecen habas, pues en mi casa se cocían por toneladas.


Puedo remontarme hasta algunos de mis bisabuelos.


Supe por mi abuela materna que a finales del siglo XIX sus padres habían sido dueños de una vaquería muy cerca de donde vivíamos. En el corazón de la ciudad.

Mi abuela nació con el siglo XX pero era la quinta o sexta vez que su madre daba a luz aunque los hijos habían muerto a poco de nacer, así que lo de la vaquería llevaba años funcionando.

Ella consiguió sobrevivir porqué alguien convenció a los padres de llevarse a la niña al campo, nada menos que a Girona, al Empordá, donde la familia tenía una masía y una vez pasado el peligro y la niña sana y fuerte volvió a su casa, a Barcelona.

Me contaba mi abuela que recordaba haber acompañado muchas veces a su padre a Montjuïch a que las vacas pastaran, pues en aquel entonces Montjuïch era semi-salvaje y regresar con las vacas a la tienda.

Hoy, 19 de Junio, buscando una imagen de una tienda, entre las muchas que hay en la red de la Barcelona antigua, he encontrado esta donde se ve a una vaca pastando en Montjuich. No es mi bisabuelo, sería muchísima casualidad, pero demuestra e ilustra lo que digo.

Porqué las vacas estaban en la tienda. En la parte de atrás. Y la leche que vendían era recién ordeñada, no como ahora que va toda embotellada.

[Un inciso en la historia familiar]
Cuando yo empecé a ir a la compra, también se vendía la leche a granel, la diferencia estaba en que las vacas ya no estaban en la ciudad y la leche la traían cada mañana en lecheras industriales de las que los vendedores sacaban una medida con un cazo y la volcaban en la lechera que llevábamos nosotros.

Ejemplos de lo que se usaba para comprar la leche:

Así eran las lecheras industriales

Así los cacitos con los que sacaban la leche de ellas.

Estos botes eran los medidores. 

Las lecheras personales con las que íbamos a comprar la leche.
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El caso es que los padres de mi abuela eran los dueños de una vaquería.





Por como han sido las cosas en mi tierra, mi abuela pudo estudiar y por su estatus de hija de los dueños de una tienda y del ganado, hacer la primera comunión con un vestido que, en aquella época, costaba muchísimo dinero.

Aquí podéis verla con el vestido.

Tenía 12 años cuando hizo la comunión, así que estas fotos tienen más de un siglo.



Y aquí la vemos en una imagen de estudio. 
No sé quien es la mujer que está con ella, si era su maestra o algún familiar. 
Aparenta ser demasiado joven para ser su madre.

Sé que mi abuela tenía una prima hermana, algo mayor que ella, que se casó con un terrateniente que vivia en Cuba y que se fueron a vivir allá.
Esta prima, a quien llamábamos mamá Iña, volvió a Barcelona, al quedarse viuda, con 3 hijas adoptadas por el marido.

(Es lamentable el estado de estas fotos, pero tienen muchos años y han pasado por muchas manos.)


La historia oficial era que esas 3 chicas que podéis ver aquí, habían sido hijas de un matrimonio cubano, amigos del marido de mamá Iña, a las que habían adoptado al morir sus padres. 

La historia oficiosa era que en realidad eran hijas suyas de alguna amante y que las habían adoptado al morir la madre.

En cualquier caso, aunque no había realmente parentesco entre ellas y mi abuela, para mi y mis hermanos siempre fueron mis tias y sus hijos nuestros primos.

Era divertido escucharlas hablar pues nunca perdieron su acento cubano.


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Años después de estas fotos, allá por 1924, mi abuela se casó con un muchacho valenciano que había aparecido en el barrio.

Lo jodido es que él solo vio en mi abuela el negocio de los padres, ya mayores, y trató de convencerla para que les dijera que le cedieran ya la vaquería a ella (y a él de paso), pero mi abuela se negó en redondo a quitarles el negocio a sus padres y le dijo que cuando llegara su momento ya sería suyo, pero el no quería esperar tanto y la dejó plantada, embarazada ya de mi madre.


Muchos años más tarde, mi madre se enteró de que tenía un medio hermano en Madrid. Pero creo que nunca llegó a conocer a su padre.

El día de su boda, quien la acompañó al altar fue un tío suyo, hermano de su padre, que estaba avergonzado de la jugarreta que su hermano le había hecho a mi abuela y que siempre intentó ayudarnos en lo que podía.

Esta es la foto del dia de la boda de mi madre, en la que está con su tío, a la llegada a la iglesia.

Un detalle curioso: Este tio y su esposa habían sido campeones de tango. 


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