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dilluns, 28 de maig del 2018

Mi casa (sin teléfono) y mi entorno.

Vivia en una escalera de 4 plantas, con dos vecinos por planta excepto en la primera, que era un piso completo.

Vivia en la tercera planta con mis padres y mi abuela, y después mis hermanos. 

Era una casa del barri del Raval, muy cerca de la plaça del Pes de la Palla y de la Ronda Sant Antoni.

Un piso pequeño de interior, o sea, sin balcón a la calle.
El balcón daba a un patio de luces al que también daban los pisos interiores de una finca de la calle perpendicular a la nuestra. (Nunca pude averiguar porqué precisamente eran esos pisos los que veíamos, cuando lo lógico en otras zonas de Barcelona es ver los de la calle paralela, pero era lo que se veia) y por el otro lado dos ventanas daban a todas las cocinas del edificio.

Que el balcón diera a la calle perpendicular y no a la paralela me iba de perlas porqué en el cuarto piso interior de aquella finca vivía una compañera de colegio, un año mayor que yo, con la que jugaba de balcón a balcón.

En el primer piso de mi escalera vivia una mujer, mayor que mi madre pero menor que mi abuela, que tenía un marido marino que nunca estaba es casa y un hijo suficientemente mayor para vivir por su cuenta.
Esta mujer tenía los pies destrozados de juanetes, dedos cabalgados unos encima de otros, etc y para ella era una tortura tener que bajar a la compra o fregar los 26 escalones que había desde su casa hasta el portal, así que cuando necesitaba algo se asomaba al patio de las cocinas y gritaba EULALIAAAAA! 
Yo me asomaba y ella me decía si podía ir a comprarle tal o cual cosa. A cambio del favor me daba alguna monedita.

En el segundo piso, justo debajo de nuestra casa, vivia una pareja de ancianas a cual mas jodida.
Una era casi ciega y la otra casi sorda. 
No me necesitaban para ir a la compra, pero si para que les fregara la escalera, pues la casi sorda no estaba suficientemente ágil para hacerlo. (Hay que tener en cuenta que no había mochos o fregonas, o al menos no para la gente de pocos posibles y se fregaba a mano, con bayetas).

El piso de enfrente estaba deshabitado aunque no desalquilado. 
Lo tenía alquilado un matrimonio al que yo apenas vi alguna vez.
Se que él era joyero y la única vez que recuerdo haberle visto provocó que años mas tarde me acordara de todos sus muertos. (Anécdota)

En mi rellano, justo delante nuestro, vivía una señora de la edad de mi abuela o mayor que ella, con su hijo Fernando y dos de sus nietos. Mari Tere y Roberto.
Mari fue para mi como una hermana mayor y Roberto fue el que me dio la primera lección de electricidad y despertó mi verdadera vocación. (Aquí verás cómo y porqué).

Mari Tere trabajaba todo el día y su abuela no estaba para muchos fregoteos, así que desde un cierto momento de mi vida y hasta que empecé a trabajar a los 14 años, yo era la que se encargaba de fregar la escalera desde el rellano de mi casa hasta la calle. (Anécdota)  

En el piso de arriba, justo encima nuestro, vivia una familia a la que la mía no hablaba por no se qué historia y en el de enfrente una mujer soltera, de la edad de mi madre o poco mas, que trabajaba fabricando bolsos y monederos. A veces se traía faena a casa y me llamaba para que la ayudara. A cambio también me daba monedas que a mi me iban de perlas para comprar chicles, cromos, cambiar tebeos en una tienda de la que también tengo una historia que contaros, y cosas así.

Esta mujer, que se llamaba Caridad, tenía en su casa un montonazo de libros de cuentos escritos en mi lengua materna, catalán.

La primera vez que los vi aluciné.

A mi siempre me ha gustado leer. Mi padre, cuando nació mi hermana, se puso a trabajar por las tardes en una imprenta de la editorial Bruguera, creo, en la que hacían tebeos, comics y libros y de vez en cuando me traía alguno.
Así fue como con pocos años ya me había leido Mujercitas, de Louise May Alcott, Corazón y De los Apeninos a los Andes (de donde salió la serie Marco), de Edmundo de Amicis, La historia de Sissi y sus secuelas, basados en las películas Sisí, Sisí emperatriz y el destino de Sisí y algunas de Julio Verne, en una versión para menores, menos difícil de leer.
Eran libros de la colección Historias, como los que veis aquí, que alternaban el comic con la novela, de manera que de cada 4 páginas una era dibujada.

El caso es que el día que descubrí los libros de cuentos en casa de mi vecina le pregunté si me podía prestar uno y me respondió que si, por supuesto, todos, pero que tenía que leerlos en su casa y no decirle a nadie que los tenía y que yo los estaba leyendo, pues estaba prohibida la literatura catalana.

Y ya, encima de ese piso, había los terrados, donde la gente subía a tender la ropa para que se secara al sol y donde los críos subíamos a jugar.
Y si lo hacíamos con la pandilla a saltar de casa en casa por los terrados a ver quien llegaba más lejos. Solía pararnos algún edificio demasiado alto para escalarlo y entonces bajábamos por la escalera, si la puerta de acceso estaba abierta, o retrocedíamos.
Ventajas de los barrios de calles estrechas.

¡En fin! he de salir a por comidita para Elsa, la nueva integrante de la familia.


Cuando vuelva os contaré las anécdotas de esta entrada.

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