Cuando tenía 8 años hice la primera comunión.
Mi abuela, que era también mi madrina, me regaló unos pendientes que eran unas margaritas de plata con el botón central de oro.
Los pendientes nuevos iban a suplir los aros de nacimiento.
Como no me habían quitado nunca los aros, (no se si eso era normal o que en mi familia estaban todos un poco locos), los tenía tan apretados en el lóbulo de la oreja que era muy difícil sacarlos, así que bajamos a ver al joyero que vivía en el 2º 2ª para que nos ayudara.
El debió cortar los aros con alguna herramienta y me colocó las margaritas.
No se si a mi abuela o a mi madre se le ocurrió pensar que con ese tipo de cierre podía perderlos y se lo comentaron, pero él les dijo que no se preocuparan, que no los iba a perder.
El caso es que hice la comunión, pasaron los años y, como había pasado con los otros, nunca me sacaron los pendientes.
Hasta el día que yo me compré otros pendientes y necesité quitarme los que llevaba.
Uno salió bien, pero el otro...
¡La puta de oros!
Tres personas intentaron por todos los medios quitarmélo.
Casi me arrancaron la oreja.
No llegó a salir por el agujero porqué se había medio cerrado de no mover los pendientes.
Finalmente alguien se dio cuenta del problema: El joyero de marras había doblado el pincho por detrás del cierre y por eso no había forma de sacarlo.
Tuvieron que cortarlo y por suerte no me cortaron a mi, porqué aquello fue difícil de narices.
Desde entonces he llevado pendientes de todo tipo, excepto los de clip, como éstos, que no los aguanto.Por suerte no soy alérgica a ningún material, ya sea metal noble o no, con lo que puedo llevar, incluso, pendientes de esos de todo a 1 euro (antes todo a 100), ya que es la única joya que realmente me gusta llevar.
No soy de anillos, ni pulseras o collares y lo máximo que he llevado ha sido una cadenita con alguna cosita colgando o una medalla de mi patrona.
Y ahora ni esto.
La edad me ha "obsequiado" con un collar natural de verruguitas, (tan monas ellas), que me impiden ponerme cosas colgando del cuello que puedan arrancarlas y montar el espectáculo de verme así por la calle.

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