Pàgines

dissabte, 2 de juny del 2018

De como me hice electricista

Teníamos un juguete con el que pasábamos muchos ratos divertidos: El cine Nic.

Este aparato, precursor del cine Exin, era tal como veis en estas imágenes que he encontrado en la red.



En él se colocaban películas como la que veis al lado del aparato en la foto de abajo.
Estas películas tenían una doble hilera de dibujos, como se ve aquí.

Poníamos la película en su soporte y enganchábamos el principio en el otro lado, pasando por detrás de la zona de enfoque.
Una bombilla detrás de la película proporcionaba la iluminación suficiente para poder proyectarlas en una sábana o pared blanca.
Al mover la palanca que veis en la imagen de arriba, la película se enrollaba ahí y un sistema que tapaba y destapaba alternativamente los dos agujeros de delante, permitía ver la imagen de arriba o de abajo de la película, dando la impresión de movimiento.

*******

Una tarde, cuando yo tenía unos 12 o 13 años, decidimos hacer una sesión de cine, los tres hermanos, en la habitación de nuestra abuela que era la única que se podia dejar totalmente a oscuras, aunque teníamos que enchufar la máquina en la parte de fuera, pues no había enchufes en el dormitorio.

En cierto momento, mi hermano, que debía tener 5 o 6 años, hizo alguna trastada para molestarnos y le echamos de la habitación.

De repente la imagen desapareció.

Salí a ver qué pasaba y vi a mi hermano que, para vengarse por haberle echado, no se le había ocurrido nada mejor que cortar el cable que alimentaba la bombilla, con unas tijeras ¡de metal! (No se como no le dió una sacudida).

Era media tarde y quien nos solucionaba este tipo de problemas era Roberto, el vecino de enfrente, o su padre, pero ninguno de los dos estaba en casa y no regresaban hasta muy tarde, así que pensé que había visto muchas veces cómo lo hacía y que podía arreglarlo yo misma.

Ni corta ni perezosa, pelé los cables, los empalmé, enchufé y ¡puf! se fue la luz.

Cuando nuestra madre, que había bajado a comprar, llegó a casa y vió que no había luz, miró los plomos (los fusibles de entonces) vio que uno se había fundido y reemplazó el cable que conectaba dos tornillos que había detrás de la tapa metálica.

(No he encontrado ninguna buena imagen donde se vea por dentro).

Cuando mi madre dio de nuevo la luz (era lo suyo, después de 3 hijos ¿no?) desmonté el empalme, me lo miré bien mirado, no vi nada extraño, y repetí las operaciones.
Volví a enchufar y ¡puf! a oscuras de nuevo.

Mi madre volvió a cambiar el cable, yo repetí las operaciones con el mismo éxito y ahí fue cuando mi madre me dijo: "Déjalo. Cuando venga Roberto lo arreglará y le dices que te enseñe como se hace para no fundir los plomos".

Así que esperé a que regresara mi vecino y cuando vio lo que yo estaba haciendo me explicó qué hacía mal y me dio la primera lección de electricidad que recibí a lo largo de mi vida: 
Hay dos secciones en cada cable eléctrico, separados entre si. Para que no se fundan los plomos no deben tocarse.
Y yo estaba enrollando juntas las 4 puntas que resultaban de pelar las dos partes del cable cortado.

Después de eso, hice algunos inventos.

Una de las cosas que hice fue diseñar un invento para el pesebre.

Una caja tan grande como el espacio que usábamos para ponerlo, que parecía un plumier de los de aquella época, de madera, con tapa corredera, y hacerle unos agujeros en los sitios donde iba el portal, el pozo, la hoguera de la anunciata, etc.

Entonces por detrás de la tapa puse las bombillas necesarias para alumbrar desde abajo estas zonas y el resto diseminadas por arriba, detrás del corcho de las montañas y entre las "plantas".

Como cada sitio requería un color de luz, me pasé dias cortando y empalmando cables, cuidando de no hacer cruces. 
Me quedó muy chulo.
Además servía para guardarlo todo una vez acabada la navidad.


Mi padre, al ver lo que me había enseñado Roberto, me preguntó si podría cambiar los interruptores de mi casa, que eran de éstos que veis aquí, de palomita y poner algunos más modernos, como el negro, cosa que hice, incluso sin quitar la luz de mi casa, pues vi que si solo tocaba uno de los cables no me daba la corriente, a menos, claro está, que el simpático de mi hermano me tocara con el cable que yo había separado, lo que le costó más de un sopapo tan cariñoso como su intento de electrocutarme. 
Parecíamos los Addams.


Un día mi abuela me dijo: Eulàlia, yo he visto en casa de la Iña (su prima) que tiene un interruptor en la entrada de su habitación y otro, que es como una pera, en la cabecera de la cama y así no ha de acostarse a oscuras ni levantarse para encender la luz. ¿Puedes hacerlo?

Le dije que lo miraría y me fui a la tienda donde compraba el material eléctrico.

Imaginad la escena. 
Una cria que no levantaba mas de metro y medio del suelo, y eso si llegaba, preguntándole al dependiente si se podía hacer eso y como hacerlo.

Al hombre le hizo gracia y me dijo que tenía que llevarle las medidas de la habitación para darme el cable necesario.

Lo hice y el me dio un cable plano de 3 hilos, dos interruptores conmutados, uno normal y otro de pera, como el de la imagen, y me hizo un croquis de cómo debía instalarlo diciéndome: Si te sale a la primera ven que te doy un premio.

Llegué a mi casa con todo el material y me puse manos a la obra.
Al cabo de un rato volví a la tienda y le dije al vendedor que me diera el premio porqué me había salido a la primera y que mi madre podía decírselo.
El hombre me respondió que había quedado asombrado pues a veces ni a los electricistas experimentados les salía a la primera.

No recuerdo si me dio alguna cosa de premio, imagino que si, algún caramelo o algo así, pero para mi el mejor premio fueron sus palabras.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Si te ha gustado, agradeceré que me lo digas.