10 años dan para mucho, sobre todo los últimos.
En una ocasión, una de las internas más mayores, yendo al mercado, encontró un perrito abandonado y se lo llevó a la escuela.
Lo escondió en el lavadero, pero el secreto duró poco. Lo descubrimos las alumnas y al poco las monjas.
A ella no les hacía gracia que hubiera un perro en la escuela, pero lo que les gustaba aún menos era que el animalito fuese con las pelotas al aire, así que no se lo pensaron dos veces y le pusieron unos calzones.
Al poco desapareció.
Supongo que el pobre se hartó de llevar los huevos enfundados y escaló la tapia para largarse.
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Cuando estaba en 2º de bachiller mis compañeras fueron un día de excursión a no recuerdo donde.
No se por que motivo a mi me habían castigado a no ir, así que me quedé sola en la clase.
En teoria tenía que quedarme allí, sola, estudiando y haciendo deberes, pero como nadie me controlaba, cuando los peques empezaron a salir al patio pedí permiso a una monja de otra clase, que no sabía de qué iba la película, para ir al lavabo.
Me dijo que si y yo me escabullí al patio a jugar.
Era casi verano, hacía un calor de mil demonios y yo iba sólo con la bata.
En el patio vi a los niños jugando al fútbol y les pregunté si me dejaban jugar con ellos.
Dijeron que si y al poco estábamos todos peleando por la pelota.
Patadas, codazos, zancadillas y revolcones hasta que una monja que pasaba por allí me llamó y me pegó la bronca del siglo por estar jugando de aquella manera porque, según ella, yo estaba provocando a los niños al ir sin ropa decente debajo de la bata y estar así, tirada en el suelo con ellos.
A tener en cuenta: Eran críos de unos 5 o 6 años, entre ellos mi hermano y yo solo tenía 12.
Era tan inocentona que no entendí qué podía haber de malo en revolcarme por el suelo jugando al fútbol.
Pero ella vio la maldad y la suciedad donde solo había inocencia y ganas de jugar.
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Un año mi abuelo me regaló unos patines de ruedas.
Los patines de aquella época eran así, como los de la foto.
Los había mejores, con freno delante y ruedas de goma con rodamientos, pero los míos eran de los baratitos, como éstos más o menos.
Se podían hacer más largos a través de la barra esa del centro.
Jugábamos a patinar en el patio de las moreras.
Las que tenían los mejores patines se ponían al principio y arrastraban a las demás y cuando ya llevaban suficiente carrerilla, la primera se agarraba a uno de los árboles y giraba a su alrededor con lo que, dependiendo de lo larga que fuera la cola, las últimas salíamos despedidas por la inercia y la fuerza centrífuga.
En 4º, las que podíamos del grupo, íbamos los domingos a la Fuixarda a patinar.
Allí había una pista de patinaje, junto al campo de rugby, justo donde años después hicieron un gimnasio donde entrenaba la selección catalana de gimnasia, mi hija entre ellas.
En la pista había un chiringuito con lavabos y bebidas al que se accedia a través de unos escalones.
Lo normal era que nadie se quitara los patines y subiera y bajara con los pies de lado para no resbalar.
Pero un domingo de aquellos yo bajé poniendo el pie recto, lo que hizo que diera con mis nalgas en el suelo.
Por inercia puse la mano para frenar la caída y el golpe y me hice daño en la muñeca.
Uno de los chicos que había allí patinando se dio cuenta y vino a ayudarme y al ver que al mover la mano me quejaba mucho me llevó en su coche al centro de emergencias mas cercano que en aquellos tiempos era Peracamps.
El médico me entablilló la muñeca y me dijo que les dijera a mis padres que me llevaran al médico para que me miraran por rayos X a ver si había algo roto. (Hoy en día te lo hacen al momento, pero eran otros tiempos).
El caso es que cuando mi madre me vio se preocupó, pero yo le dije que no era nada, que ni me dolía, que ya iríamos al médico.
Porqué al dia siguiente había prevista una excursión al Tibidabo y no me la iba a perder.
La excursión era subir a pie por la linea directa, no por carretera y yo con la mano entablillada lo tenía chungo, así que las maestras me ayudaron a subir.
Unos días después mi madre al fin me cogió de los pelos y me arrastró al médico.
Lo más divertido de eso fue que en el Tibidabo nos retamos a no chillar en la montaña rusa y yo aguanté todo el tiempo, pero se ve que me quedó esa sensación de caída en el estómago porqué en el autobús que cogimos para ir al médico, cada pequeño bache era como estar en la montaña rusa.
Por suerte el hueso no estaba roto, pero si había una fractura no completa, así que me lo enyesaron.
El yeso me fue de perlas para esquivar algunas clases de costura porqué, claro, con una mano era imposible coser bien, pero la excusa me duró poco. Justo hasta que me vieron hacer gimnasia con la mano enyesada.
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El tobogán tenía una escalera, también de piedra, colocada en ángulo con las rampas.
Desde el pie de la escalera hasta la pared de la derecha, mirando el tobogán, había una especie de escalón único que separaba el patio de baloncesto de un patinejo que llegaba hasta una cerca que lo separaba del patio de las moreras. La cerca no llegaba a la pared del todo, había un pequeño paso.
Justo encima del escalón había un alambre donde las monjas tendían ropa a veces.
Al otro lado del patio de las moreras, junto a la cocina, había una fuente.
Un dia estaba en la cola de la fuente cuando sonó la campana de fin de recreo.
A partir de ese momento todas teníamos que ir a hacer filas para volver a clase.
Las filas se hacían en el patio de baloncesto, al que se accedia desde el lateral del tobogán, lo que se ve en la foto de la comunión de mi hermana.
Pero yo tenía sed, así que bebí unos buenos tragos de agua y apreté a correr hacia la fila a través del acceso de la cerca, pegué un salto para salvar el escalón...
y me di de morros con el alambre.
Soy de labios finitos. Tanto, que nunca me los he podido pintar de rojo porqué parece que me hayan dado un hachazo en la cara.
Nunca en la vida he vuelto a tener unos morros como aquellos.
Nunca en la vida he vuelto a tener unos morros como aquellos.
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En la familia todas, menos mi madre, hemos sido culonas.
En el colegio teníamos que ir cada tarde a la iglesia a rezar el rosario y teníamos que arrodillarnos.
Cuando yo me arrodillaba se ve que sacaba el culo, porqué mis compañeras me decían: ¿Puedo sentarme? tocándomelo.
Y yo entonces lo sacaba más.
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En 4º aprobé la religión de milagro o mas bien por influencia casi divina.
El día que tocaba examen de religión, si llevábamos un vestido sin mangas, porqué los días de exámenes no ibámos de uniforme, teníamos que llevar una chaquetita aunque fuera de punto, la clásica rebeca, porqué los curas consideraban una falta de respeto que enseñáramos los hombros.
Así que ese día entramos al aula de exámenes con nuestras chaquetas, cagándonos en todo porqué allí hacía un calor de mil demonios. Pero el cura de ese día fue benevolente y nos dijo que nos las podíamos quitar.
A mi me vino de perlas.
Después de echar un vistazo a las preguntas del examen vi que no tenía ni repajolera idea de nada de aquello, así que puse el libro en el banco a mi lado, (por suerte no eran sillas), lo abrí disimuladamente, busqué la página donde hablaban de aquello que se preguntaba y tapé el libro con la chaqueta.
Y vigilando con el rabillo del ojo donde estaba el cura, iba levantándola y transcribiendo lo que leia.
Hasta que de repente el cura estaba detrás mio y yo con la chaqueta levantada leyendo y escribiendo.
¿Que estás haciendo? -me preguntó.
Copiar - le respondí.
¿Porqué? -quiso saber.
Porqué no me lo se. -le dije.
Pues ya ha terminado. -dijo tajante- escriba su nombre arriba y el colegio al que asiste y deje el examen encima de mi mesa.
Y puso una marca en la hoja.
Y puso una marca en la hoja.
Así lo hice y salí de allí pensando, suspendida.
Cuando dieron las notas vi que me habían aprobado.
Yo no entendía nada así que fui a la profe y después de contarle lo que había sucedido le pregunté qué milagro había logrado que me aprobaran con lo que había hecho.
Resulta que no podían suspender a ninguna alumna de mi colegio de la asignatura de religión, porqué el cura que teníamos asignado era un pez gordo del vaticano y ¿como podía ser que una de sus alumnas suspendiera religión?
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Y "esto es to, esto es to, esto es todo amigos" como decía Porky el dibujo favorito de mi abuela.

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