La historia con mi primo es como una espinita que llevo clavada desde hace medio siglo.
Tengo claro que yo no estaba enamorada de él, pero me encontraba en una época de revolución hormonal y él estaba ahí, alto, guapo, cariñoso, que me daba un besito cuando yo llegaba o me iba.
En aquella época, para la mayoría de chiquillas que nos asomábamos a la adolescencia, el sexo, como tal, no estaba en nuestra mente.
Podíamos considerarnos afortunadas si en casa nos habían explicado que de repente un día íbamos a empezar a sangrar por donde meábamos, pues se de un caso real en el que a la chica casi le da un infarto y no se atrevía a decírselo a su madre, cuando vió sus bragas manchadas de sangre.
Afortunadamente para ella, mi madre la encontró llorando y así pudo consolarla. Después, según me contó, le pegó la bronca del siglo a la madre de la chavala.
Pero es que esta era la mentalidad de la época.
Todo lo relativo al sexo era pecado. De eso no se hablaba.
Con deciros que en una película de aquel tiempo en el que la protagonista está casada y tiene una aventura con un amigo, (me parece que se trata de "De aquí a la eternidad"), para no cortar las escenas de besuqueo la censura española tradujo la historia de manera que el amante era su hermano, con lo que, para las personas que si sabían qué pasaba, aquella aventura normal se convertía en un incesto.
Pero es que los censores siempre han sido mas bien gilipollas.
Crecíamos buscando en el diccionario el significado de cuanta palabra malsonante escuchábamos y, de rebote, todas aquellas a las que nos remitía el diccionario y aprendíamos a hacer niños casi de milagro.
Los enamorados se besaban dulcemente en los labios antes de que apareciera la palabra FIN en las películas y para de contar.
El caso es que mis tíos vivían en la misma calle, con su hijo y la Iña. Aquí podeis ver a toda la familia.

De pie: tío Alfredo, de quien años después supimos que había sido toda su vida militante del PSUC, tia Teresita, que murió, tras serle extirpados ambos senos, justo el día antes de que naciera mi hija mayor y mi primo.
Y sentadas la Iña, prima hermana de mi abuela y no se quien era la otra señora que ese día estaba en su casa. Posiblemente fuese familia de mi tío.
Mi tía trabajaba en el taller de disfraces y trajes de ceremonia, fracs, chaqués, etc, que su hermana Conchita y Ramón, el marido de ésta, tenían en el nº 3 de la calle Fernando, cerca de la Plaza Real (ahora carrer Ferran). Estaba ubicado en un piso, no en una tienda, y en el balcón tenían un letrero que decía: Disfraces la cubanita.
Mi tío trabajaba como representante de una fábrica de juguetes.
Mi primo, al principio de la historia, estudiaba y la Iña ya no estaba para muchos trotes, así que mi madre me enviaba a echarles una mano cuando yo regresaba de la escuela.
Y así, un día, cuando mi primo me dió el consabido besito de bienvenida, sentí lo que se llama "mariposas en el estómago" y empecé a verle con otros ojos.
A partir de ese momento, aparte de ayudar a los mayores, cuando terminaba de hacer lo que hiciera falta me quedaba un ratito al lado de mi primo mientras él estudiaba y hacía sus deberes en el escritorio que tenía en su habitación, siempre con las puertas abiertas para que todos vieran que no hacíamos nada malo. Le preguntaba cosas y el muy amablemente me contestaba o me explicaba qué estaba estudiando.
Así las cosas, un buen día él tuvo que hacer el servicio militar y le tocó en el Sáhara, que por aquel tiempo aún era español.
El viaje desde allí hasta Barcelona era muy caro, así que mi primo no vino ni una sola vez de permiso y fue acumulándolos todos para poder regresar un par de meses antes de lo previsto, pero entre campamento y servicio, estuvo como un año y medio allá.

Mientras el estaba en la mili yo evolucioné físicamente y la niña de 13 años que iba todo el día en uniforme, se convirtió en una adolescente de 15.
El día que regresó del Sáhara, o, mejor dicho, al dia siguiente, fuimos a su casa a por la mona de mi hermana, pues él es su padrino, (estas fotos son de aquel día) y cuando me vio, me miró y dijo: Esta no es mi Eulalia, que me la han cambiado!.
Aquí podeis verle con mi hermana, su ahijada, que tenía 10 años en aquel momento.
Mientras él estuvo fuera, como he contado, sus padres me invitaron a pasar unos días en el camping y para mi fue muy emotivo dormir en el mismo sitio en el que dormía él cuando iba al camping, pues no había mas espacio, así que era seguro que Marisa, mi/nuestra prima y yo estábamos en el espacio que solía ocupar él.
A partir de aquel día seguí yendo a ayudar a mis tíos siempre que mi madre me lo pedía y a veces de motu propio, buscando excusas para estar a su lado.

Me enseñó fotos de la mili, incluso me dio ésta.
Estuvo unos días de viaje con compañeros y fueron a Finlandia y a la vuelta pasé horas y horas viendo las fotos de su viaje mientras me explicaba lo que había en las fotos.
Yo procuraba que se hiciera suficientemente tarde para que tuviera que acompañarme para abrir la puerta de la escalera, que se cerraba con llave, pues me daba el besito de despedida con un abrazo mas apretado que si estábamos en su casa.
Un buen día, mi amiga María Teresa y yo habíamos quedado para ir a ver un concierto de Lluís Llach, en el auditorio al aire libre de Montjuich y se lo comenté.
Me dijo que de pequeños habían sido amigos y jugado juntos, ya que él y sus padres veraneaban en Verges, el pueblo en el que nació y creció Lluís y que le gustaría recuperar su amistad, o al menos saber algo de él.
A mi primo le acababan de comprar un coche, un MG que era lo último en coches chulos y yo le había pedido mil veces que viniera un día a buscarme al despacho con el coche.
No por fardar ante nadie, pues no tenía con quien fardar, sinó tan solo por estar a su lado fuera de su casa, así que le dije que le conseguiría la dirección o el teléfono de su amigo Lluís.
El día del concierto, después de la actuación bajamos las dos a los camerinos.
Como era de esperar, los seguratas nos pararon, pero le dije a uno de ellos que le dijera a Lluís que íbamos de parte de mi primo y le dije el nombre completo.
El tío nos dijo que esperáramos y al poco sale y nos deja pasar.
Lluís me preguntó por mi primo, le enseñé la foto, le expliqué un poco por encima lo que había sido de su vida en la mili y le transmití la petición de mi primo y él, sin pensárselo dos veces, me escribió en un papel su dirección en Barcelona y su número de teléfono.
Le di las gracias, le firmó un autógrafo a mi amiga, que era súper fan suya (incluso fue a verle al Olympia de París poco después) y nos fuimos.
Cuando volví a ver a mi primo, le dije que tenía la dirección y el teléfono de su amigo, pero que si los quería tenía que ir a buscarme al trabajo. Aceptó. Me dijo que me llamaría el día que pudiera hacerlo y pocos días después me llamó para decirme que esa tarde pasaría a buscarme.
Llegó, me subí al coche, le di el papelito y el arrancó.
No se donde fuimos. No vi por donde iba ni nada. Yo estaba obnubilada.
De repente paró el coche y se inclinó hacia mi para besarme. Cerré los ojos y me aparté asustada cuando trató de meterme la lengua en la boca.
El se recompuso y sin decir nada arrancó y me llevó a casa.
Nunca supe qué había pasado por su cabeza en aquel momento ya que después de aquello no volví a ir a su casa y al volver del trabajo, como pasaba por delante de la casa de mi archi-enemiga, subía a su casa y me quedaba con ella hasta lo suficientemente tarde para no tener que ir y nunca volvimos a hablar de ello si nos veíamos.
Pero siempre que he recordado aquel episodio pienso: ¿Qué pasó por su cabeza?
¿Se dio cuenta de que yo era una inexperta y se percató de la diferencia de edad entre ambos?. Yo era una cria y el un hombre.
¿O pensó que, al fin y al cabo, yo no era más que una calientabraguetas, como la mayoría de chicas de mi época y del cabreo prefirió arrancar sin decir nada?.
Pudo haberme explicado, como hizo mi futuro ex en su momento tiempo después, que así era como se besaban las personas que se quieren, pero no lo hizo.
Simplemente arrancó sin decir nada y me llevó a casa.
Fin de la historia.
Años mas tarde supe que se había casado con una chica muy maja, que tuvieron un hijo, con el que mi madre tenía fotos de una estancia en el lugar de veraneo y que se les mató en un accidente yendo a esquiar.
El día después de enterrar a mi madre, revisando los papeles que tenía aquí, encontré su teléfono y le llamé.
Le dije que mi madre había muerto y que a ella le hubiera gustado que se lo comunicara y le pedí que disculpara que no lo hubiese hecho a tiempo de que pudiera ir a presentarle sus respetos, pero era fin de año y no quise aguarle la fiesta a nadie.
Me dijo que lo entendía, me preguntó por mi vida, yo a él por la suya y nos intercambiamos las direcciones de tuitter. Le di recuerdos para su esposa y ya nos llamaremos, cosa que se que no hará.
Y por ahora si. Fin de la historia.
Tan solo añadiré un detalle: Esta es la primera vez que lo cuento, aunque sea así.
Que linda y emotiva historia. .. Yo pienso que tu primo tuvo miedo "al que dirán" y prefirió arrancar que decirte la verdad.
ResponEliminaes posible si.
EliminaNADA TENIA QUE DECIR..?
ResponEliminaNo se podría esperar
Que mi amor adolescente
Respondiera en aquel beso
Al frenesí de su mente
Era más encantamiento
Lo que sentía mi alma,
Más sutil el sentimiento
Que me quitaba la calma
Las ilusiones crecieron
Por sueños alimentadas
Entre discretas miradas
Y abrazos más apretados
Quería más acercamiento,
Llegó el momento anhelado,
Sentado junto a mi lado,
Me decepcionó en un beso.
Retomamos el camino
Sin decir una palabra,
Es cierto que el hombre labra
Lo que ha de ser su destino
En ese beso frustrado
Se rompió todo el encanto
El amor murió de espanto!,
Mi ídolo fue quebrado!.
El silencio se hizo largo,
En signo de despedida;
Cada quien fue por la vida
Con un recuerdo algo amargo.
Hasta hoy tengo la duda…
De cuál fue su percepción
Frente a esta situación
Que terminó en forma muda.
Me encanta como has sabido plasmar el sentimiento! Eres lo más.
EliminaY sí que estaba guapo el primo...! Muy buen gusto amiga.
ResponElimina:)
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