Los primeros años de escuela, en la época de vacaciones, la economía familiar no permitía ir a ningún sitio y mi padre solía trabajar sus vacaciones para poder cobrar algo más.
Mi padre era cartero.
En aquellos tiempos no había buzones en las escaleras y los carteros subían la correspondencia hasta los domicilios de los destinatarios.
Mi padre tenía adjudicado el distrito 13, que correspondía al área del Guinardó. De Padre Claret hacia arriba.
Él salía muy temprano de casa e iba a la central de Correos, al principio de la Via Layetana.
Allí clasificaba las cartas de su distrito, que previamente le habían dejado en un saco junto al espacio que le correspondía de una mesa larguísima y las ponía en el orden que le iba mejor para el reparto, en paquetitos por calles. También quitaba las que le hubiesen colocado erróneamente y las daba a quien correspondiera.
Una de sus habilidades era saber a que distrito pertenecía cada calle de Barcelona, así que si algún compañero se encontraba una carta que no era suya y que no llevara el distrito postal, le preguntaban a él.
Una vez todo a punto, cogía su cartera llena y se iba hacia el barrio donde tenía que entregarlas.
Solia dejar la cartera en un bar de la calle América y llevarse solo el paquete de una calle.
Hoy en día van con carros de la compra pero entonces acababan todos destrozados cargando el peso de la cartera si no encontraban algún bar donde poder dejarla.
En los meses de verano, nuestra madre solía cogernos a los 3, preparar unos bocadillos y llevarnos al barrio donde estaba nuestro padre. Íbamos al bar y cuando el aparecía a buscar algún paquete mas de cartas, tomábamos algo todos juntos y entonces él continuaba mientras nuestra madre noe llevaba a jugar a un parque que había por allí. Era el de La Font del Cuento.
A veces yo acompañaba a mi padre a repartir, sobre todo si ya le quedaba poco, y después nos reuníamos todos.
Otra de las diversiones de la época, sobre todo en vacaciones, era ir con algunos de los amigos del barrio a jugar a la máquina de pin ball, a ver quien hacía más partidas con una moneda, cosa en la que todos éramos expertos.
Cuando empecé a trabajar en el despacho también empecé a salir los fines de semana con las amigas.
Sobre todo con María Teresa, que además de compañera de cole era mi amiga y mi vecina pues sus padres tenían una bodega de las de antes, con botas de vino en las paredes, justo en la acera de enfrente.
Era la 3ª hija del matrimonio, a todas luces fruto inesperado de una noche de esas especiales que suelen tener los matrimonios, pues sus dos hermanas estaban ya casadas y con hijos cuando nosotras estábamos aún en la escuela.
Una de sus hermanas vivía en Lesseps, muy lejos de nuestro barrio y este hecho propició una aventura extraescolar.
Un viernes a mediodía, antes de salir oficialmente del cole, aprovechando la hora de recreo, se le ocurrió la genial idea de ir a ver a su hermana y nos preguntó quien la acompañaba.
No recuerdo cuantas se apuntaron, pero yo fui una de ellas.
Cogimos el metro en Plaza Cataluña, que no quedaba muy lejos de la escuela, y fuimos hasta Lesseps. Llegamos a casa de su hermana, que puso el grito en el cielo por nuestro atrevimiento.
En una época en la que no todo el mundo tenía teléfono y en la poca gente tenía coche, era harto difícil avisar a las familias o al colegio, de que estábamos bien, que no nos había pasado nada y que estábamos en buenas manos.
Su marido nos acompañó al metro de nuevo y nos pagó los billetes ya que habíamos podido ir pero ninguna tenía dinero para volver y nos dijo muy serio, sobre todo a su cuñada, que fuéramos directas a la escuela que seguramente nuestros padres estarían allí.
La bronca que nos cayó a todas fue de las que hacen época.
Pero escapadas aparte, a veces salíamos juntas a divertirnos.
Si había carreras en Montjuich, bicis, motos, o coches, lo que fuera, nos colábamos subiendo por las callejuelas de la montaña hasta dar con algún punto desde donde poder disfrutarlas.
También íbamos siempre que podíamos al parque de atracciones que había allí, en la misma montaña.
A veces solo íbamos a ver la actuación de alguien en el teatro al aire libre y de aquel teatro tengo una anécdota relacionada con mi primo. (Todo llegará)
Íbamos también al cine y un domingo habíamos quedado para ir al Palacio de la Música a ver una película del ballet Romeo y Julieta, pues a ambas nos gustaba el ballet.
Cuando nos encontramos estábamos las dos destrozadas. Acabábamos de saber que Jim Clark, nuestro piloto favorito de F1, acababa de fallecer en un accidente.
Un día que fuimos al parque de atracciones del Tibidabo, en la otra punta de la ciudad, ligamos con dos chavales italianos muy simpáticos. Estuvimos disfrutando de la montaña rusa, los autos de choque y todas las cosas que había allí y cuando nos dimos cuenta era súper tardísimo y aún nos quedaba un largo camino a casa, así que les dijimos que teníamos que irnos ya y ellos insistían en que no, que nos quedáramos mas tiempo.
María Teresa les explicó que ya llegaba tarde y que sus padres la matarían a lo que uno replicó, si te matan por una hora te matarán igual por dos y te divertirás una hora mas. Pero ella les dijo que no, que la matarían mas, cosa que ellos dijeron, con toda lógica, que era imposible.
Aparte de los fines de semana, yo tenía por costumbre ir a dar paseos por el barrio gótico al salir del trabajo, sobre todo en verano, que hay mas luz diurna pero el sol ya no agobiaba.
Los domingos que no salía con María Teresa lo hacía con mis hermanos. Los llevaba al cine, sobre todo. Películas de dibujos animados de Walt Disney, Bambi, Dumbo, o Mary Poppins que la vimos un montón de veces.
Mañana buscaré fotos para ilustrar este tema. Se que hay una foto de mi padre con la cartera al hombro y alguna mas, pero es muy tarde ya .
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