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dilluns, 4 de juny del 2018

Hablemos de la escuela 1ª parte. La primaria

Estuve 10 años en la misma escuela.

Allí estabas 3 años en lo que podríamos llamar párvulos, aprendiendo a leer y a escribir, música y religión, básicamente y de los 7 a los 10 estudiábamos con un libro tipo enciclopedia de un solo tomo, donde había un poco de todo.
Era un libro enorme, pesado, de tapas rojas e imágenes en blanco y negro, excepto los mapas, que eran de color y estaban al final del libro.

A los 10 años nos daban el certificado de estudios primarios (si encuentro el mio os lo enseñaré) y a partir de ese momento tenías dos opciones: O dejabas la escuela y te ponías a trabajar, (como lo oís, o mejor dicho, leéis; con 10 años los padres podían sacar a los niños del colegio y meterles en una fábrica), o seguir estudiando.
Si optaban (los padres, pues el niño o niña no tenía voz ni voto), por esta última opción, podíamos elegir y esto casi era una decisión pactada o consensuada con las maestras, por Comercio o Bachiller.

Si optabas por comercio era unos 3 o 4 años en los que nos preparaban para secretarias, o cosas parecidas y si optabas por bachiller eran al menos 6 años: Ingreso, 4 cursos y reválida, para lograr el título de bachiller elemental y otros 3 para el bachiller superior que daba paso a la Universidad.

Entonces no había Formación profesional. 

Los oficios masculinos se aprendían trabajando de aprendiz en algún taller. 
Las mujeres solo podían trabajar en oficios femeninos, dependienta, criada, etc. buscar marido y casarse para criar hijos.

En mi caso, mis padres no podían permitirse seguir pagando la escuela ni mucho menos los gastos del bachiller (mas libros, mas material, etc), pues ya tenían otros dos hijos estudiando en la misma escuela y eso era un dispendio demasiado elevado para el sueldo de un cartero y dijeron que me sacaban de la escuela.
Pero la superiora les llamó y les dijo que sería una lástima que optasen por esa solución pues yo era una niña muy inteligente, (luego os contaré una anécdota), y valía la pena invertir un poco en mi futuro, así que llegaron a un acuerdo económico con mis padres, al menos para que siguiera un año mas y después ya se vería, pues ese primer año apenas había gastos de libros o material ya que solo era el ingreso, un examen sencillo.

Mis padres aceptaron y empecé la segunda parte de mi educación.

Ese año empecé a frecuentar una librería de viejo, o sea, de segunda mano, donde me cambiaban los tebeos y cómics ya leídos por otros, (así leí todo lo de Marvel) e incluso algunos libros.

Yo tenía por costumbre ir y mientras buscaba algo que aún no hubiese leído, le iba ordenando las cosas a la dueña de la tienda.

Ella se dio cuenta de eso y hablando, hablando, un poco de esto, otro poco de aquello, le conté que no sabía que iba a pasar el año siguiente y ella me dijo si estaría interesada en ayudarla durante la semana de la feria del libro viejo, que se hacía por las fiestas de la Mercé, la patrona de Barcelona y donde ella tenía una parada.
Me dijo que me pagaría por el trabajo y vi que me iba a dar, mas o menos, lo que costaban los libros del curso siguiente, así que les dije a mis padres lo que me había propuesto y les expliqué que con lo que ganara podría pagarme los libros y ellos aceptaron. 

Así pude seguir estudiando los 4 años siguientes.

A mi la escuela me gustaba mucho, muchísimo.

Era un sitio donde huir de la monotonía de mi casa, donde tenía amigas, donde jugaba a más cosas que en mi casa, donde había un patio enorme para correr, saltar, o patinar.


Incluso había un tobogán de hormigón con dos pistas! 

Podéis verlo en esta foto de la comunión de mi hermana, donde también se ve a mi primo de quien  ya os he hablado y más que os hablaré 😉

La casualidad ha querido que esta sea la única foto que tengo del tobogán de la escuela.

[En este tobogán estuve un día sentada dos horas arriba de todo.
Ya os lo contaré, pues es del siguiente capítulo.]

Yo odiaba ponerme enferma porqué eso significaba no ir a la escuela.

Me contó mi madre que cuando enfermé de paperas, como no era como el sarampión u otras cosas que te dejan hecho polvo, solo se te hincha el cuello, yo estaba empeñada en ir a la escuela y que tuvo casi que cerrar la puerta con llave para que no saliera.

Me gustaba estudiar y aprender cosas. 
Aún me gusta.

Además tenía muy buena memoria y aún la tengo aunque a veces se me olvide que he de hacer eso o lo otro.

Un ejemplo de esa retentiva está en la anécdota que os he dicho que os contaría:

Durante el día la monja profesora que tuviéramos ese año, (hablo del primer ciclo), nos iba explicando lecciones de eso y de aquello. Teníamos una hora de dictado, otra de cuentas en la pizarra, otra de labores, religión, etc.
Cada día teníamos que aprender alguna cosa concreta, casi siempre de historia o de geografía y al día siguiente, cuando entrábamos, después de pasar lista nos poníamos todas formando un semicírculo alrededor de su mesa, en un orden establecido por lo bien que hubiésemos recitado la lección el dia anterior.
Si no te la sabias ibas a la cola.

Pero si un día faltabas a la escuela también ibas a la cola y en este caso ni te preguntaban, porqué, además, aunque se seguía un cierto orden del libro, no siempre tocaba aprenderse lo que seguía a lo aprendido el dia anterior, así que lo lógico era que no te supieras la lección.

Un dia, no recuerdo por qué motivo, no pude ir a la escuela, así que al día siguiente la nena fue a parar a la cola.
Y desde allí fui oyendo a mis compañeras recitar la lección del dia anterior, a saber: Que Viriato fue un caudillo lusitano que luchó contra los romanos en las batallas de.... y hasta aquí puedo recordar después de casi 60 años.

Pero aquel día, después de oírlo unas 20 veces seguidas, o más, cuando la monja iba a pasar de mi, le pedí que me preguntara y se lo solté de corrido ten perfecto que regresé a mi sitio: la cabecera de la clase.

En lo único que era mala pero mala de verdad es en la música. 

Conozco las notas, se colocarlas en el pentagrama y dibujar la clave de sol; incluso se tocar una canción, buscando la tecla que es el do, porqué recuerdo que la cancioncita es así: do re mi mi, do re mi mi, do re mi, sol fa mi re; re mi fa fa, do re mi mi, re mi fa, sol mi re do. ( si mal no recuerdo).
Pero hasta ahí llego. 
Pese a todo me hacían cantar en la clase de música y yo hacía lo que podía.

Porqué como decimos por aquí: D'on no n'hi ha, no en raja. 

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