Recuerdo un día que pillé el final de una conversación entre él y mi madre. No se como había empezado, pero una de sus últimas frases fue: A esta le gusta mas los hombres que los caramelos.
Pese a ello, fue un adelantado a su tiempo. Me pusieron en alerta de lo que podía pasar si me desmadraba y no eran amenazas, solo advertencias y me dejaba salir cuando quería y sin hora de regreso porqué, como le dijo a mi madre: Si quiere hacerlo, no servirá de nada que la hagamos volver a casa a las 9. Lo hará a las 4.
Y no se equivocaba.
Salíamos, mi futuro ex y yo, con una pareja en la que ella tenía que estar en casa a las 9 o 10 de la noche. A las 4 de la tarde estábamos las dos parejas "de guateque" en casa de otra pareja de recién casados, disfrutando de las habitaciones vacías.
Pero mi historia empieza mucho antes.
Cuando tenía 8 años iba a hacer la primera comunión. Antes del día D íbamos a catequesis, todos los niños y niñas que íbamos a hacerla a la vez.
Y a mi me gustaba uno de los nenes de quien no diré el nombre por si alguien de su entorno llegase a leer este blog, cosa improbable pero no imposible.
Tenía mi edad y era monísimo, aunque si ahora viera una foto de aquel día, posiblemente no recordaría quien era.
Unos años más tarde me encapriché de mi primo, el de la foto del tobogán.
Tenía (tiene, pues sé que sigue en este planeta y ahora nos seguimos en twitter) 7 años más que yo.
El era ya un muchacho adolescente, casi a punto de ir a la mili, ya habéis visto la foto y yo una cria de 13 o 14 años, así que ya os podéis imaginar el caso que me hacía.
Es hijo de la más pequeña de las 3 hermanas cubanas y vivían en la misma calle que nosotros, así que buscaba cualquier excusa plausible para ir a ver a "mis tíos" y pasar un rato a su lado.
El año siguiente a empezar a trabajar en el despacho del abogado y aprovechando que él estaba en la mili, sus padres, que cada año veraneaban en un camping de Blanes, en la costa brava, nos invitaron a una prima, hija de la hermana mayor y a mi, (podéis vernos en la foto posando) a pasar unos días con ellos.
Mi tío Alfredo me enseñó a nadar o, al menos, a mantenerme a flote y dar 4 brazadas.
Valga añadir que en el camping habían chicos muy interesantes y que mi dominio del francés hizo que hiciéramos algunos amigos.
Precisamente durante esas vacaciones hice las fotos que mi madre le enseñó al que vendia cursillos de fotografía y que podréis ver en la pestaña Fotos.
Después de las vacaciones y aprovechando que había "aprendido a nadar", me apunté al Club Natación Montjuich con ánimo de ir a nadar cuando me apeteciera en las piscinas que tenían cerca de mi casa, en la Ronda San pablo, (os digo las calles por si lo lee alguien de Barcelona, para que pueda ubicarse) y quizá aprender a nadar de verdad, cosa que nunca hice.
Lo que si hice, un día que me desperté super temprano, fue coger los bártulos e irme a la piscina antes de ir a trabajar.
A esa hora la piscina olímpica estaba cortada para los entrenos y solo dejaban libre un par de metros a lo ancho, en la parte más honda, lo que a mi ya me iba bien, pues podia ir pegada a la pared y descansar cuando hiciera falta, pues al no saber nadar realmente, daba muchas brazadas pero avanzaba poquísimo y me agotaba enseguida.
Logré atravesarla entera ida y vuelta.
Uno de aquellos días en que me levantaba temprano, escuché por la radio que un muchacho de Barcelona pedía mantener correspondencia con chicas de su edad, más o menos, (eran los chats de la época, aunque se tardaba un par de días en obtener respuesta), así que me apunté el nombre y la dirección y le escribí.
Ya mantenía correspondencia con mucha gente de toda España para intercambiar postales y sellos y tenía una buena colección, pero ese estaba en mi misma ciudad, lo que daba pie a que pudiéramos conocernos, cosa que hicimos al cabo de un par de cartas.
Tenía dos años más que yo y era muy agradable. Jugaba al fútbol con un equipo de Menorca, lo que hacía que cada dos fines de semana no estuviera en Barcelona.
Yo me lo creí, porqué en principio no soy de dudar de nadie y lo bueno es que una cosa que me contó reafirmó la historia.
Un lunes vino a buscarme al trabajo y me dijo: Que sorpresa me llevé el sábado cuando te vi en el barco! No sabía como ni porqué estabas allí, así que fui directo hacia ti diciendo: ¿Que haces aquí? Pero al estar a tu lado vi que no eras tu. Era una chica idéntica a ti, pero con los ojos verdes, no azules.
Quizá fuera cierto, no fue la única anécdota de confusión que viví.
Quizá fuera cierto, no fue la única anécdota de confusión que viví.
Salimos durante un par de meses hasta que dijo que se iban a vivir a Maó.
Y poco después de que se fuera, un domingo, 3 amigas del cole y yo decidimos ir por primera vez a una discoteca.
Continuará...
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