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diumenge, 3 de juny del 2018

De juegos, juguetes y otros divertimentos

El hecho de pertenecer a una familia con pocos posibles hizo que nunca saliéramos de vacaciones, así que los 3 meses de vacaciones escolares los pasaba en casa, jugando con mis hermanos y con nuestra abuela.

Con ella jugábamos a las cartas.

El burro, las 7 y media, o la brisca los dominábamos desde pequeños.

Juegos de los que he olvidado el nombre o como se juega, como el que teníamos que recoger cartas de las expuestas en la mesa al tiempo que decíamos: Cau, recau i Sant Vicenç!
O aquel que pierde quien se queda la sota de oros.

Después aprendimos a jugar al tute y al póquer y, como no, a hacer trampas.

También jugábamos al dominó, a las damas, al ajedrez y al parchís.

Las cocinitas, con la "fireta", que es como se llama en mi tierra al conjunto de cacharros de cocina de juguete.
De aluminio, imitando perfectamente a los de verdad.
Hoy en día aún se fabrican, pero no me parecen tan auténticos. 
Teníamos todo lo necesario para cocinar y más.

Según me contaban mis padres, los primeros años de mi vida, antes de que naciera mi hermana, yo solía sentarme en el pollete del balcón, (que debía tener unos 10 cms de ancho, pues al ser tan estrecho todo, no había propiamente un balcón al que se pudiera salir, sinó una baranda para asomarse), ponia los juguetes allá y jugaba sin que se me cayera nada.
Cuando mi hermana empezó a jugar conmigo tuvieron que poner una tela de gallinero porqué a ella si que se le caían las cosas abajo.
Y cuando mi hermano empezó a caminar y a molestar, cogía los juguetes y los tiraba por una de las ventanas que daban al patio de las cocinas. 
Entonces mi madre puso un poco de tela de gallinero en la ventana para poder abrirla y que el nene no pudiera tirar nada, pero el nene se echaba hacia atrás y hacia canasta.

Las muñecas de recortar, que ya he hablado de ellas.

Tenía un montonazo.

Cada una en un sobre con todos sus vestidos, tanto los que había en la hoja inicial, como los que les había hecho yo.

Cada una con su nombre detrás y detrás de todos sus vestidos para poder guardarlas bien cuando acabábamos o si a nuestro hermano le daba por aventarlas todas porqué se aburria y no jugábamos con él.

Una de nuestras diversiones favoritas era ponernos los tres en la cama de mis padres a hacernos cosquillas hasta que uno se caía de la cama.

Y luego estaban los juegos reunidos geyper.

Imagino que no había casa que no los tuviera.
Los había de pocos y de muchos, desde 10 hasta 50, si mal no recuerdo.

Con la ruleta, el parchís que por detrás solía llevar la oca, la escalera! ese si que era divertido. Podías pasar horas subiendo y bajando si los dados se lo proponían.

En casa hubo de todos tipos, ya que los reyes nos traian alguno cada dos o tres años, con algunos juegos mas.

Uno de los últimos juguetes que me trajeron los reyes fue una muñeca que bailaba el hula hop, (como los pets). Le dabas cuerda y el hula giraba alrededor de su cintura.

Creo que sobrevivió un par de horas.

¡Los reyes!

¿Quien son los reyes? me preguntaban en el cole cuando yo ya era mayor y todas las niñas sabían la verdad.

Y yo, inocente de mi, me negaba a creer lo que ellas me decían.

Mis padres decían la verdad y no hay más cera que la que arde. Y lo que ellas intentaban decirme eran mentiras podridas.

Además yo tenía fotos que lo demostraban, ¿no?

Cada año íbamos al Barato (unos almacenes que había en la Ronda, esquina con Villarroel, y donde yo trabajé años más tarde cuando era Almacenes Arias), a llevarles la carta, así que lo que me decían no era cierto.



Así hasta que cumplí 12 años y se me ocurrió pedirles a los reyes una máquina de escribir, para practicar en casa, ya que en el colegio habíamos empezado a dar clases de mecanografía, y mis padres no tuvieron más remedio que decirme la verdad pues no podían permitirse tal dispendio.

Para mi fue una decepción enorme. No el hecho de que los reyes no fueran reales, sinó el engaño al que me habían sometido durante tanto tiempo, sobre todo desde que las compañeras empezaron a averiguarlo.

Solo os diré que me contaron antes que me iba a venir la regla que lo de los reyes y gracias a eso no me sorprendió cuando un buen día, jugando con mis hermanos a lo de las cosquillas, mi madre me hizo bajar porqué había visto mis bragas.

Lo bueno, en el tema de los reyes, fue que, una vez asumido el hecho, disfruté más que antes, ayudando a preparar las sorpresas para mis hermanos.

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